miércoles, 31 de diciembre de 2014

Décalogo de la soltera

Hay muchos momentos en los que la carne es débil, y no me refiero a las piernas flácidas. Estoy hablando de cuando la mente flaquea y se toman decisiones erróneas. Sin ir más lejos muchas de vosotras saldréis esta noche con un vestido de lentejuelas. Sin embargo, la debilidad que pasa mayor factura -especialmente si cobra por horas- es la de comenzar una relación. Así que hoy, 31 de diciembre, he decidido hacer mi última buena acción del año -la penúltima fue enviar el CV de Pilar Rubio a trabajos de verdad- y abriros los ojos sobre lo horrible que es tener pareja y las ventajas de la soltería. Muchas creeréis que escribe esto una seudo Carrie Bradshaw sentada frente al ordenador en pijama al lado de una tableta de turrón de chocolate Suchard. Nada más lejos de la realidad. Soy una Teresa de Calcuta comprometida con vosotras, almas perdidas de la creación, a las que ofrezco un poco de luz en esta discoteca oscura que es la vida con este decálogo del single –podría escribir más de diez pero comer me quita mucho tiempo en esta época del año-. Así estáis a tiempo de cambiar un deseo para cuando toméis en las campanadas vuestras uvas peladas y sin pepitas Cofrusa. Empecemos.

1.-Tu cama es tuya

Y solo tuya. Junto con mantas, sábanas y almohadones. La cucharita está muy bien en las películas en las que los dos enamorados se despiertan a la vez tras haber llegado también a la vez al orgasmo (ja, ja). Pero en la vida real tú te despiertas con un brazo encima que te comprime cual boa constictor. Además es muy difícil hacer el ángel con otra persona a tu lado.  




2.-Las tapas también son para ti

Por si no te ha convencido lo de la cama –que debería-, está infravalorado comer sin vergüenza las tapas de los bares y gasthofs. Por alguna extraña razón, las mujeres nos empeñamos en hacer pensar a los hombres que no ingerimos alimento alguno, al igual que no meamos, cagamos ni demás necesidades básicas como comprar ropa. Pero no chicos, ya no estáis saliendo con una muñeca inchable, y aunque os cedemos las bravas, montaditos, piruletas de parmesano y demás aperitivos la Adele que hay en nosotras rolling in the deep. Así que adiós a llevar el sándwich en el clutch para comer en el baño y que rule el pincho de tortilla. 



3.-Tu cara estará suave como el culito de un bebé

Por Dios qué mono es el de la Carbonero. Volviendo al tema, la barbita de tres días es sexy, pero con la de algún hombre se podría exfoliar tu madre los callos. La soltería te mantiene el cutis perfecto, sin que parezca que te acaban de arrastrar dos manzanas por el asfalto. Aunque he de reconocer que los beards se postulan como el complemento ideal de esta temporada (plus si viene con moñito).




4.-Puedes conocer otros chicos que te harán abrazar más la soltería.

Como le decía el otro día a David Gandy, cerrarte en una relación es negarte a compartir tus encantos con el resto del mundo. Algo muy egoísta y próximo pecado capital de la colección de helados Magnum. Por eso está bien relacionarse con otros hombres para conocer su maldad y reafirmarte como soltera de oro. Cuidado especialmente con los que te pueden enchufar profesionalmente. Por normal general solo quieren enchufártela.




5.- Tienes tiempo para pensar en tus problemas.

Además de más espacio en la cartera para tus fotos de carnet. Las típicas parejas que se cuentan todo pierden mucho tiempo fingiendo que les interesa otra persona. La single puede explayarse eligiendo el #ootd o si le gusta más el chocolate Milka con Oreo o con galleta. La alarma de la píldora del móvil se guarda para recordatorios importantes, como que comienza el programa de los vestidos de novia de Divinity. También puede pensar con calma la selfie más favorecedora para subir a Facebook -lo que ahorra muchos collages-, si el monstruo encontrado en la selva de Camboya es real o Photoshop, a quién salvará en Gran Hermano o definirse como guapa o atractiva. 




6.-Mejora tu temperatura corporal

Y no lo digo por los calentones sino por la regulación térmica del vello (bello en mi caso). La depilación se deja para ocasiones especiales. Así aumenta tu nivel de exigencia cuando conoces a un varón y mientras puedes experimentar con las posibilidades de tus pelos, como trenzas, californianas o incluso rastas. Por un sobaquillo comenzó Lucrecia.




7.- Estás más guapa

La soltería es el mejor maquillaje. Por normal general, la gente cuando se echa pareja se apalanca. Para empezar gana una media de 2 a 4 toneladas. Cuando la mitad de los planes se hacen en un sitio mullido es raro que una relación larga no termine con la amputación de algún miembro por diabetes. Y chicos, siento deciros que el sexo solo quema una media de 75 calorias. Ni la mitad de ese polvorón que sostienes ahora mismo en la mano.




8.-No tienes que ver penes

Esas horribles criaturas de la naturaleza allá donde los haya. Poco fotogénicos y peores en persona. El churrillo que le sobró de la plastilina a Dios. 




9.-La combinación de la ropa interior será casualidad. 

Tu lencería no tendrá que impresionar a nadie. Hay total libertad tanto para ponerte el sujetador Manuela como las bragas de la regla fuera de la semana menstrual. No hay carga mental para combinar cuadrados con encajes o lacitos con hojas de parra. Tu cabeza puede tomarse un respiro.




10.- No tienes que dar explicaciones

A nadie. El doble tic azul del WhatsApp te resbala. No son necesarias las excusas de dónde has estado, en qué compañía o quién te ha hecho esos chupetones. Puedes merendar tranquilamente con Jamie Dornan o ayudarle a preparar escenas de su película sin estar pendiente del reloj. Eres libre. 



Y como argumento definitivo: mejor sola que mal acompañada. 



Feliz 2015 ladys, gays and gentlemans que habéis caído aquí accidentalmente. Os deseo un año lleno de amor propio, piropos y piel hidratada -últimamente los Reyes Magos son clientes VIP de las droguerías-. Y dejaros con el consejo que siempre me da mi madre cuando salgo de fiesta: "Ponte cerca de la salida de emergencia por si pasa algo".

Paz

Me quieres, La Pepis

jueves, 25 de diciembre de 2014

Amigo invisible

No existen unas navidades sin que la típica amiga plasta de turno, que no tiene otra cosa mejor que hacer con su vida, sugiera hacer un amigo invisible. ¿Qué obsesión tiene la gente con organizarlos año tras año? ¿Esperan que algún día alguien por fin les regale algún diamante que puedan empeñar en una casa de apuestas y así comprase un vida? No había visto a nadie tan engañado como aquellos que siguen esperanzados a las cinco de la mañana en la discoteca. 

Al final todo el mundo se lleva la decepción del siglo al recibir su regalo. Nunca es tan bueno como el que ha regalado y mucho menos se ajusta a tus expectativas. Algunos collares de macarrones que le hacía a mi madre cuando tenía tres años son mucho mejores que la media de cosas que he recibido en los últimos años. El amigo es invisible porque si descubres quién ha sido el responsable de esa porquería que acabas de recibir te dan ganas de aniquilarlo. Si a la gente le gusta tirar el dinero a la basura que se compre algún disco de Christina Aguilera. 

¿Y qué me decís del presupuesto? Estoy de acuerdo de que tampoco hay que pasarse ya que tengo que comprender que no todo el mundo es una rica heredera como yo, ¿pero qué narices voy a encontrar que no sea unos guantes de fregar por 5€? Además si no confío en mis habilidades de búsqueda mucho menos confío en la de los demás.

Al final del día lo único que puedes hacer es rogar a los cielos que te toque tu nombre y comprarte ese caprichito que tanto necesitas. ¿Hasta cuándo vamos a dejar que Tiger se lucre de nuestras decepciones e ilusiones rotas?

Así que ya sabéis chicas, la cuestión está en lanzar sutilezas al aire en las conversaciones con la esperanza de que tu amigo sea lo suficientemente avispado y las capte. El truco está en enlazar conceptos, algo parecido a lo que hace Matías Prats en las noticias. Pongamos algunos casos de ejemplo:

Que estáis hablando del último capítulo de Juegos de Tronos en el que muere tu personaje favorito --> Sabéis con lo que yo me quedé muerta el otro día? Con unos pendientes verde lima de Bimba y Lola? Están reservados a nombre de La Pepis! (Guiño)

Que estáis hablando de lo mucho que hay que estudiar para los exámenes de enero --> Pues yo me concentraría mucho mejor con esa bufanda de cachemir tan bonita que vimos el otro día en Uterqüe... (Risa despreocupada)

Que estáis en el cine viendo El Hobbit --> Qué paliducho se le ve a Bilbo Bolsón, la verdad es que a mí también me vendría muy bien una buena base de maquillaje número dos de YSL. (Codazo, codazo)

En fin, poco más que añadir, el mejor regalo que se puede hacer es uno que venga con ticket regalo. Sólo os deseo que vuestro amigo invisible no se convierta en vuestro nuevo enemigo invisible.

Os quiere, 

La Pepis 


miércoles, 6 de agosto de 2014

La boda de mi mejor amiga: Yo

Estaba revisando el correo con ansias de recibir mi nuevo catálogo de lencería de Calvin Klein cuando me fijé en un sobre color pastel con un bonito relieve. Abrí la carta y con horror leí su contenido:

Luisa y Andrés tienen el honor de invitarle a su enlace en matrimonio 
que se celebrará el futuro 25 de Agosto en la Iglesia de San Marcos.

No podía ser, lo peor de todo es que sabía que no estaba soñando ya que en mis sueños aparece Quim Gutierrez sin camiseta. Era la última de mi grupo de amigas de la infancia que se casaba, eso era como ir gritando por la calle que era una fracasada en la vida. No es que se me den mal las relaciones, sin embargo la fea se cotiza más que la guapa. Me explico, la fea será siempre muy agradecida, además nadie te la va a quitar, pero a los bellezones como yo tienes que espantar a los babosos todos el rato y ciertamente puede llegar a ser agotador.

Rápidamente subí a mi casa e imprimí la siguiente invitación:

La Pepis y Patrick Dempsey se complacen en invitarles a la unión en santo matrimonio 
que se celebrará el 24 de Agosto en la catedral de Santiago.

Que se fastidie.

Desde que era niña he planeado meticulosamente mi futura boda y mi futuro divorcio. Llamadme romántica. Lo bueno de esto es que cuando encuentre a mi hombre ideal podré estar gastándome su dinero sin estar ocupada con meros trámites.

La pedida de mano:

Veréis, todo el mundo sabe que el romanticismo ha muerto, así que no iba a dejar en manos de un hombre el futuro de uno de los días más importantes de mi vida. Lo planearía yo. Primero, casualmente, estaría toda mi familia, mi chico y algunas amigas (y viejas enemigas) reunidos en la recepción de algún hotel rabiosamente caro. Yo entraría como si nada en la sala y empezaría a emocionarme y soltar un par de lágrimas discretas al ver a toda ese gente que tanto significa para mí. Nota personal: aprender a llorar.


Después mi chico me cogería de la mano y me llevaría al centro de la habitación para pedirme matrimonio. Un foco de luz nos seguiría. Se arrollidaría y me ofrecería un anillo con un diamante del tamaño de una pelota de tenis, después diría que eso no es suficiente para una mujer como yo y me ofrecería DOS anillos. Me volvería a emocionar y miraría al techo como aguantándome las lágrimas de alegría. Finalmente titubearía un par de veces y diría que NO (las chicas nos tenemos que hacer las duras) pero después soltaría un rotundo SI. Confetis en forma de corazón color rosa pastel inundarían el techo de la sala y Whitney Houston que se encontraría entre el público nos cantaría su "I Will Always Love You". Nota personal: arreglar lo de Whitney. Curiosamente Annie Leibovitz estaría hospedada en el hotel y no dudaría sacar su cámara para inmortalizar ese bonito momento que tras un acuerdo de varios millones de dólares publicaría con mucho gusto y elegancia en Vanity Fair.

La venganza: 

Llamaría a todos mis ex y les diría que iba a pasar el resto de mi vida con un hombre con más dinero, más belleza y más pene que ellos. A continuación llamaría a mis compañeras de la universidad y les preguntaría que por qué están solteras hasta que llorasen. 


La despedida de soltera:

Sólo hay una manera de celebrar una despedida de soltera: junto a casting de Magic Mike. Aunque será un poco incómodo si mi futuro marido acaba siendo uno de ellos (eso va por ti Joe Manganiello). Por supuesto tras la noche en la que probablemente gaste medio sueldo quemaría toda prueba viviente de lo sucedido. Una señorita besa pero no cuenta.


La lista de bodas: 

Es de pobretón pedir dinero a tus invitados cuando te casas. Cada vez que veo a una cuenta corriente en una invitación de boda llamo a un par de contactos para que se las congelen y las vinculen al caso Nóos.

No, nada de pedir dinero. No somos el dueño de Wikipedia. Lo más cool y chic es hacer una lista de boda. La mía estaría llena de fabulosos muebles tapizados con pieles de animales exóticos cazados por el rey, de bolsos de Hermès de edición limitada y de joyas usadas por celebrities en reportajes fotográficos de Mario Testino.


Todos los objetos de la lista claramente iban destinados a mí. Mi marido ya tenía el regalo más valioso de todos: Yo.

La boda:

Siempre supe que quería una ceremonia íntima, con mis familiares y amigos más cercanos. Unas 300 personas serían suficiente para ser testigos de mi gran día.

Una vez que un grupo de seguratas expulsase a aquellas más elegantes que yo y se asegurasen de que las damas de honor estaban todas vestidas con los espantosos vestidos que escogí, pensando en ellas desde el fondo de mi corazón, empezaría la esperada ceremonia.


Un precioso vestido blanco con cola de sirena abrazaría mi cuerpo. El vestido estaría bordado con esmero por monjas ciegas. Caminaría al altar acompañada a un actor con experiencia haciendo de madurito sexy en series de la CW. Adoro a mi padre, pero el pobre es muy poco fotogénico. Mi futuro marido estaría esperándome en la otra punta, expectante. De fondo sonaría una canción de La Oreja de Van Gogh antes de que Amaia Montero descubriese la comida basura. Una pequeña niña andaría tres pasos por delante lanzando pétalos de alguna flor en peligro de extinción. Un grupo de actores esparcidos por la iglesia tendría que sollozar y sonarse (con elegancia) de la emoción del momento.


Cuando llegase a la altura de mi hombre el cura daría paso a la ceremonia, rápida y práctica. El sermón giraría en su mayor parte en lo afortunado que era mi futuro marido por tenerme a su lado y lo que debía hacer para mantenerme y complacerme. Después del sí quiero de mi hombre el cura se dirigiría a mí:

-Pepis, ¿quieres recibir a [estrella en alza de Hollywood] como marido, y prometes serle fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza y así, amarlo y respetarlo todos los días de tu vida?

-Si, no, si, no, si y no.

-Bueno supongo que eso será suficiente. Podéis besaros.

El público se pondría en pie y entusiasmado aplaudiría hasta sangrar. Saldríamos a la calle y una lluvia de billetes triturados en forma de confeti caería elegantemente sobre nosotros, siempre he creído que lo de tirar arroz era muy chabacano, además no querré estropear el precioso peinado que me haría Tabatha. A la salida mi marido, recomendado por su publicista, se pararía para firmar un par de fotos de su última película en la que encarnaría a algún superhéroe buenorro. 

Banquete:

El menú de mi boda se decidirá en una final de MasterChef. Ese asunto aún está un poco en el aire, pero confío en España para que decida con sabiduría.

Por otro lado, tendría mi propio episodio en un reallity de Divinity en el que los protagonistas se enfrentan al mayor reto de sus vidas para hacerme la tarta perfecta. Cuando todos mis invitados hubiesen muerto de la envidia por tan magnífica tarta la tiraríamos a la basura, porque asumámoslo, son preciosas pero están malísimas.

Mi amiga Lana del Rey vendría a cantarnos un par de canciones con su tórrida e insinuante voz, ella insistirá en hacerlo gratis como regalo por nuestra amistad, pero yo no soy como Kim y Kanye, si hay que pagar a la muchacha se le paga.


Votos:

El voto a mi marido ya lo tengo escrito desde que tenía siete años. Sólo tengo que rellenar los espacios en blanco con su nombre. Así dice:

Querido (nombre),
no puedo expresar lo suficiente lo mucho que significas para mí. Recuerdo la primera vez que te vi, pensé que alguien como tú no se fijaría en mí, pero después me vi reflejada en un espejo y supe que sí.
Y así fue. Oh querido (nombre), soy la mujer más afortunada del mundo. Quiero que sepas que estoy abriendo mi corazón, estas palabras sólo te las podría decir a ti (nombre). Tengo miedo de no poder amarte como te mereces para que así me ames como me merezco yo. 
Gracias por haberme regalado ese bonito y escandalosamente caro collar de diamantes por nuestro compromiso, me durará para siempre (este regalo tiene que ser si o si). ¿Pero sabes qué durará también para siempre? Mi regalo por nuestro compromiso: Mi amor por ti.
Que sepas que te adoro y que me muero por emprender esta aventura a tu lado.

Luna de miel:

Lo siento, no voy a dar detalles del exótico destino elegido para nuestra luna de miel. No quiero tener paparazzis en la puerta de mi isla privada. Mi marido y yo agradeceríamos un poco de intimidad. Muchas gracias.

Siempre vuestra,

La Pepis

lunes, 28 de julio de 2014

El crucero del amor

Tras el desastre vacacional del año pasado decidí que era hora de cambiar mi rutina de verano. Estaba harta de tumultuosas playas donde las chicas sólo se dedicaban a subir la misma foto una y otra vez a Instagram con un hashtag a lo #paradise #relax #playa 

Además ese tipo de fotos me da hambre ya que más que piernas parecen salchichas. 


A última hora fui a la agencia de viajes de unos conocidos centros comerciales a quienes no les quiero hacer ningún tipo de publicidad. La chica de El Corte Inglés me atendió con un trato muy amable y respetuoso. Me recomendó diversos paquetes de viaje. De todos ellos uno llamó fuertemente mi atención. Era un bonito crucero por el mediterráneo y las islas griegas. El panfleto rezaba algo así: "Chicos estupendos están deseando conocerte, embárcate en el crucero del amor." Detrás del slogan había una foto de un par de chicos cuyos músculos reflejaban las gotas de aceite que bajaban por su cuerpo. ¡Era tan exótico el crucero que hasta ponía que iba a haber osos!

La verdad es que esa foto me bastó para decidirme. Nos apunté a Rosalina y a mí en esa aventura y en menos de dos semanas nos embarcamos en el barco del amor con el corazón abierto y las esperanzas en lo más alto. Todo iba a ser perfecto.

Rosalina me ayudó a deshacer el equipaje en mi camarote mientras le comentaba ilusionada las ganas que tenía de ese viaje.

-Ay Rosalina, me siento como Kate Winslet en Titanic salvo por esas cejas mal depiladas y esa elección de pintalabios tan de los 90. Espero que este barco no tenga barcas suficientes para todos los tripulantes que si no se muere mi amor verdadero en un trágico accidente nuestra historia de amor dejará de tener encanto.

-Ay el chambelán de DiCaprio estaba relindo en esa película...


Cuando deshice todo el equipaje me puse un bikini de infarto, mandé a Rosalina a buscarme al hombre más guapo de tercera clase y bajé a la piscina. No os podéis imaginar lo que me encontré. TODO HOMBRES. Hombres mojados y sudorosos bajo el tórrido sol mediterráneo.

¡Qué afortunada era! Las otras mujeres debieron de enterarse que yo también iba al crucero y lo anularían ya que sabían que no tienen nada que hacer con rivales como yo.

Por si fuera poco casi todo los hombres eran GUAPOS. Me sentía como el príncipe de Cenicienta eligiendo pareja como si de un catálogo se tratase.

Y para más inri el socorrista estaba cañón, una mezcla entre dios griego y modelo de revista con un minúsculo bañador rojo que no dejaba lugar a la imaginación. Era TAN guapo que incluso los demás hombres lo miraban con lo que claramente era cara de admiración.

Dejé mis cosas en una tumbona cerca del puesto de socorrista y fui directa a la piscina a llevar a cabo un plan especial. Cuando llegué a una zona donde el agua me cubría por los hombros me puse a chapotear.

-¡Socorro! ¡Socorro! ¡No sé nadar! ¡Que alguien me ayude!

Un señor mayor que nadaba cerca vino a mi rescate.

-¡Señorita! ¡Vengo a ayudarla! Cójase de mi cuello.

Hay que ver, ven a una chica vulnerable y se acercan todos como moscas. ¡Aprovechados!

-¡Uy no no! ¡Quita quita! -le dije- ¡Que venga alguien que esté homologado! ¡Preferiblemente un socorrista con bíceps de acero!

Pero el socorrista parecía no percatarse ya que estaba muy ocupado sometiéndose el bañador para que le coja más moreno la pierna.

Tras haber tragado involuntariamente una gran cantidad de agua decidí darme por vencida y prepararme para la noche. Tenía que sorprender a todos los varones con un modelito de infarto. Había sido un desastroso comienzo pero no debía olvidarme de que estaba en un lujoso barco en mitad de las islas griegas, era como Meryl Streep en Mamma Mia.


Cuando llegó la hora de la cena bajé sola al gran comedor con un precioso vestido de encaje bordado a mano por niños tailandeses explotados.

Me senté en la mesa que compartía con tres fornidos varones. Después de presentarme nos pusimos a coquetear tímidamente. 

Se llamaban Luis, Chema y Marcos. Ya imaginaba mi nombre bordado en mis toallas de mano al lado del suyo.

-¿Qué tal? Yo soy Marcos.

-¡Hola! Yo soy Luis y él es Chema, mi compañero de viaje en la vida. 

-¡Uh! ¡Qué casualidad! ¡Yo también vengo con mi compañera! ¡Se llama Rosalina! Aunque bueno, creo que compañera no es el término adecuado ya que en realidad le pago por horas... ¿Y qué os trae por aquí?

-Bueno -dijo Marcos- yo vengo a buscar pareja. Me han dejado hace poco y venía a animarme un poco.

Pobre Marcos, pensé, cortan con él y se gasta después su dinero en un crucero sin apenas rastro de mujeres...

-Nosotros venimos a descansar y divertirnos un poco. Ya sabes, tomar el sol, salir de fiesta... ¿Y tú Pepis qué buscas?

-Pues yo vengo a encontrar a esa persona especial de mi vida - respondí.

-¿Y Rosalina? ¿Ella no lo es?

-¡Oh! ¡No! Tenemos una relación muy cercana, llevamos mucho tiempo conviviendo juntas pero busco a alguien más. 

-¡Yo no le podría hacer eso a Luis nunca! -dijo Chema con cara de desaprobación.

La verdad es que Luis y Chema mostraban una relación muy cercana. Daba gusto ver una bonita amistad entre hombres tan sólida.

El showman del salón se subió al escenario micrófono en mano.

-¿Os lo estáis pasando bien? ¡No olvidéis de que en diez minutos empieza el concurso La Reina del Mediterráneo! ¡Aún estáis al tiempo de apuntaos!

-¡Oh! ¡No me lo puedo creer! ¡Voy corriendo a apuntarme! -dije emocionada.

Una vez ahí pude comprobar que la competencia no era muy alta. Había chicas con espaldas sorprendentemente anchas y la mayoría usaba un maquillaje nada favorecedor y muy poco sutil. Incluso muchas de ellas tenían unos rasgos demasiado masculinos para mi gusto. Por su propio bien, y por el de su autoestima, decidí retirarme de la competición, no necesitaba el título de La Reina del Mediterráneo, soy cuarta en la línea de sucesión al trono, si las infantas desaparecen en extrañas circunstancias y Froilán sigue siendo tal y como es la corona sería mía en un plis.


Agotada acudí al bar a tomar un refrescante cocktail a la luz de la luna. Me senté en una bonita butaca y tomé sorbitos de mi copa contemplando las estrellas. De pronto vi a un opuesto hombre que paseaba por la cubierta mientras miraba a la lejanía de la oscura noche. BINGO. Había encontrado mi Leonardo. Me acerqué a su lado.

-¿Si yo salto tú saltas? - le pregunté.

-¿Cómo dice señorita? ¿Se encuentra bien?

-¿Estará muy fría el agua? He oído que es como si te clavasen cuchillos afilados y una dama como yo no podrá aguantarlo sin un hombre a su lado...

-Lo dudo mucho señorita, está apoyada en la barandilla de la piscina, pero puede hacer la prueba a ver...

Decidí no tirar la toalla.

-La verdad es que estoy un poco sola en esta fría noche... Y en mi camarote sólo me espera el calor de las suaves sábanas de satén rozando mi cuerpo desnudo...

-Pues qué le vamos a hacer...

¡Pero bueno! ¿Qué estaba pasando en ese barco? ¡Ningún hombre mostraba interés por mí! Era como si de pronto esa masa de metal que nos arrastraba por el mediterráneo fuese mi kriptonita de seducción.

Nada, no había manera de abrirme camino a su corazón. ¿Sería una nueva moda hacerse el duro ante mujeres? ¿Sería alguna nueva forma de ligar sacada de un libro de esos de 50 Sombras? Una se descuida y le cambian las reglas del ligoteo en un momento. Pensé que éramos las mujeres las que teníamos que hacernos las duras, para algo me he pasado toda mi vida ignorando a Michael Fasbendder, he conseguido hacerlo tan bien que ni siquiera sabe que existo.

Que le den a Leonardo. ¿Para qué quedarse con el muerto de hambre si te puedes ir con el duque serio y avaricioso que te va a regalar fabulosas joyas y que al final de la película sobrevive?


Horrorizada volví a la barra de el bar a pedir algo un poco más fuerte para ahogar mis penas cuando para mi sorpresa descubrí a un pequeño grupo de chicas que hablaban reunidas en una mesa.

-¡Uy chicas! Necesito un poco de estrógeno en mi vida. Menudo pluff de barco. ¡No hay forma de catar varón! ¿Vosotras habéis tenido suerte con algún mozo?

-¿Nosotras?- preguntó la chica regordeta de mi derecha.- ¡Ni uno!

Todas se rieron con las palabras de su amiga. Me alarmaba que no se preocupasen lo más mínimo de encontrar un hombre.

-Ay chicas no podéis ser tan pesimistas. Así no me extraña que ningún hombre se fije en vosotras. Ya sé que la búsqueda del amor puede parecer como una canción de Bustamante, dolorosa e innecesaria, pero no tiréis la toalla.

Ninguna parecía tener el más mínimo interés. Es más, era como si se hubiesen rendido en la vida. Llevaban unos peinados muy estrafalarios y una ropa poco halagadora que ocultaba sus curvas...

-Tenéis que potenciar más vuestros rasgos femeninos. Por ejemplo tú, estoy segura de que si te soltamos el pelo tal que así y te ponemos un poco el flequillo para este lado dejarás de ser un ser asexuado y mostrarás al mundo la preciosa chica que llevas dentro. Mmmmm... Uy pues parece que no.

-Cariño - dijo la más alta de todas - para qué interesarnos por hombres cuando existen bomboncitos como tú...

-Comprendo que la duda os asalte, pero necesitamos a un hombre que tras el primer divorcio nos de la suficiente solvencia económica para escaparnos con Zac Efron a una isla privada para el fin de los días.



-¿Y no te sirve una mujer como yo?

-¿Una mujer? ¿Para qué iba a necesitar yo una mujer?

-¡Cariño, si esto es un crucero gay!

-¿De gays? ¡Pensé que esa gente sólo existía en las series de la HBO!

No es necesario decir que antes de que el barco atracase en su destino tenía a todos los hombres (y mujeres) del crucero loquitos por mí. No es que tenga nada en contra de los gays, sólo que ningún hombre en esta tierra puede resistirse a mis encantos. Es más, adoro a los gays, la mayoría de mis novios lo acaban siendo y estoy convencida de que mi futuro hijo será gay. Lo único que les echo en cara es que a ver si dejan a algún hombre guapo para las mujeres que nos los han acaparado todos.

Os quiere,

La Pepis