miércoles, 28 de mayo de 2014

Mi primer amor fui yo

Nunca creí en las relaciones de pareja. Creo recordar que esa consolidada y profunda idea se empezó a forjar cuando me vi por primera vez ante un espejo. "¿Quién es esa de ahí? ¿Quién es?" Preguntaba mi madre mientras me sostenía en brazos Rosalina. Y yo intentaba decir que la mujer más bella del reino mundo, con el detalle de que a esa edad a mi muñeco Troll se le entendía mejor que a mí. El amor ante mi reflejo crecía a medida que se hacía más mayor en superficie. ¿Cómo podría querer a alguien más que a mí mismo? Imposible. Sin embargo, tampoco lo dejé de intentar ejemBradPittejemVelencosoejemFelipedeBorbón. Errar también es humano. 


Tal vez porque los Donuts vienen en un pack doble e indivisible, las ofertas del Vips son 2x1, las experiencias guays de la Smartbox son para dos personas, o en la hora feliz del bar hay que pedir la bebida a pares y a mí el alcohol me sube mucho, que el universo conspira para empujarnos a tener pareja. Y en ese espaldarazo nos caemos de bruces. 

Durante unos pequeños segundos puede ser gracioso, incluso placentero. La gente deja de preguntarte si eres lesbiana por tener sólo fotos de tus amigas en la cartera. La vida se ralentiza un par de fotogramas por segundo, corréis por la playa despreocupados, crees que no engordas porque tu pareja lo hace a la par que tú, y sientes que tu atractivo roza el insulto para la raza humana. 


Pero tarde o temprano llega el "Tengo que hablar", el odio a tu americana boyfriend que se ríe de ti desde su percha, tu contribución en el alza de las acciones de Häagen-Dazs y el caprichito a golpe de VISA de consolación acompañado de un fuerte aplauso del público. 


Es entonces cuando la enamoradiza Julia Roberts, la novia de América que alimentó tus fantasías a través de la televisión tarde de sábado tras tarde de sábado, se transforma ante tus ojos en una Sonia Monroy guiri que te ha engañado.  


Sentirse solo se hace más duro cuando contemplas cómo Pitbull canta rodeado de pibones mientras tú te rodeas con tu bata -para que no se manche tu ropa de fiesta/zorrón- y te motivas para salir viendo su videoclip mientras se seca la base de maquillaje. O eso me han dicho que hacéis las desgraciadas. 

Sin embargo, tener pareja no gusta. A la gente le cuesta reconocerlo. La primera fase de una pareja es "La almorrana". Se sufre en silencio. Tu círculo de amigo más íntimo lo desconoce y te hacen una tras otra intervención para que confieses qué secta te ha engañado ahora. Luego cuando se hace pública la pasan a sufrirla tus amigos. La fase dos es la "Lord Voldemort". Su nombre no puede ser nombrado bajo ningún concepto y le buscas mote. Para tu grupo será "este", "mi amigo", "mi churri", "elchicoconelquemeveo", pero jamás "mi novio". Y la fase "Yo también" a la gran frase de despedida "Me estoy quedando sin batería". Una parte de ti se avergüenza. Se han visto casos de parejas en el altar que han contestado:
-Sí quiero, pero nos estamos conociendo

Ese recelo puede achacarse a que nos pongamos como nos pongamos, el amor tiene fecha de caducidad -como Roxy-. Pero se puede volver al estado natural de frustración sexual de una manera digna. Y que nadie se sorprenda cuando para tu Kent dejes de ser su muñeca y cabalgue las olas con otra rubia. Hay señales más grandes que el caballo de Polo Ralph Lauren que anticipan el desenlace. Si sois de los que suspendéis hasta el psicotécnico, aquí os dejo una lista:

1.-Dice no poder quedar contigo porque tiene que estudiar cuando su carrera es de ciencias sociales.


2.-Dormís en capas diferentes de la cama, que ni Pepa y Avelino. Si tenéis que regular vuestro calor corporal hay otros métodos.


3.-Cuando salís del cine, podéis decir el argumento de la película.


4.-En tus fotos de perfil sales con tus amigos gays en vez de con él, y tus amigas te abren conversaciones para felicitarte ilusionadas por lo guapo que es tu novio aunque lleve una corona rosa de princesa.


5.-Cuando lo llevas a cenar a casa, come con el servicio en la cocina.


6.-Se hace cambios radicales de pelo a cada pequeña discusión.


7.-Le lleva dos noches de fiesta de ventaja la temporada uno de Jersey Shore.


8.-Espera a Bisbal en el aeropuerto cada vez que vuelve de gira y a ti no.


9.-Dices que deseas tener hijos rubios de ojos azules cuando a ti te confunden con Farruquito.


10.- Tienes la sensación de que evita el contacto físico.




Así que mientras nos debatimos entre seguir a la razón o rendirnos a los placeres de la carne, tener siempre presente que el amor propio sólo se debe jurar a uno mismo, y el efímero a quien lo merezca.

sábado, 3 de mayo de 2014

El día de la madre

Madre no hay más que una, excepto si eres la hija de Ellen Degeneres y Portia de Rossi. Por eso es justo que agradeciéndole la genética recibida, se le de el primer domingo de mayo un presente minuciosamente escogido.

 A mi madre sin duda había mucho que agradecerle: un cutis perfecto, un pelo sano y fuerte, unas curvas de infarto, y unas proporciones perfectas de los labios vaginales. Vaya, que se había esmerado. Así que con tiempo de antelación, la tarde del 3 de mayo, salí a comprarle un regalo digno de su persona.

La primera parada fue Abercrombie. Eran las 16:00. La tienda estaba casi vacía. Volví a constatar, para mi decepción, que los modelos no estaban en venta. Pues que nos los pongan en el catálogo. Cogí cuatro trapillos -entre ellos unas bermudas de hombre y un cartel de suelo húmedo de lo que no me percaté hasta llegar a casa-. Deberían revisar seriamente la iluminación del local. A la salida, uno de los apuestos e inteligentes modelos que custodian la puerta de ese paraíso terrenal, me suplicó que posara con él para subirla a su Instagram. Nos acabamos haciendo un book y varios Instavideos. Dieron las 21:00. Fuera las tiendas ya estaban cerrando. Corrí despavorida por la acera buscando qué quedaba abierto a esas horas. 

Era demasiado tarde para pedirle a Coco Chanel que me reservara la boutique en exclusiva y Tiffany no me cogía el teléfono. ¿Estaría desayunando? Cuando me veía comprándole un McFlurry, o llevándole el desayuno a la cama   -ugh!- un rayo de esperanza y color fucsia neón, iluminó mi rostro. EROS XXX. 

Me aproximé, como polilla en la noche. Eros treinta, casi la edad de mi madre. Era una señal. Intenté averiguar por el escaparate qué podía ofrecerme, pero no descifraba nada de lo expuesto, quizás era una de esas tiendas de arte abstracto. Habría que entrar entonces. Con un poco de suerte tendrían el último disco de Eros Ramazzotti.    

-Hola chata, ¿te echo una mano?

No hay cosa que me enerve más que me pregunten las dependientas si necesito su ayuda. Pero pasé por alto su impertinencia y apremiada por el tiempo acepté.

-Sí, bueno... sí...

-Ahhh.... ¿que te da vergüenza verdad? Nada nada, eso es por ser la primera vez. Dime, ¿qué buscas?

-Bueno, no es para mí...

-Claro claro, aquí siempre es para regalar. ¿A quién le quieres dar placer, a algún novio, un amante...?

Menudo despiste tenía la tía, vivía en la parra. San Valentín fue hace tres meses.

-No, no. A mi madre. Que últimamente nuestra relación está algo fría. 

A la dependienta se le atragantó la piruleta que estaba tomando detrás del mostrador con forma de conejo.

-Bueno, yo no juzgo a nadie.

-Era lo que faltaba. Sí sí. Me gustaría recuperar la complicidad con algo que podamos disfrutar las dos. Y aquí veo que tenéis una sección de juguetes para adultos. Creo que estoy en la tienda perfecta. 

La chica, se levantó de la silla para enseñarme la mercancía. Me sorprendió que sus mallas de cuero le permitieran realizar cualquier movimiento. Mis pantalones super skinny constrictor eran baggy a su lado.

-A mí nada de baratijas. Enséñame lo mejor, lo más sofisticado.

Empezó a sacarme batidoras de diseño, a cada cual con forma más minimalista. Alguna inspirada en piezas del Guggenheim y Dalí sin duda, y con swarovskis incrustados. 

-Mira, los hay a pilas alcalinas, de botón, con batería de litio...

-Dame uno de litio, que dura más y mi madre cuando se pone no para. 

Me parecía el regalo ideal. Tan portable y manejable, sin esos incómodos enchufes. La de veces que lo habría agradecido cuando va a ayudarle a hacer merengue a las monjitas y no tienen batidora para ella. 

Después me llevó a la sección de lencería. Los reyes le habían comprado un camisón tobillero por Navidades, pero Sofía y Juancar no estuvieron muy acertados, pues era horrible. Le cogí uno después de acordar una reducción del 50% en el precio, pues estaba lleno de taras y aperturas en los sitios más raros y ahí no tenían servicio de modista. Mi modisto se encargaría de arreglarlo.No hay nada que se le resista a mi Galliano. Me fijé también que tenían disfraces de Rebelde Way y uniformes de servicio: doncella, profesora, enfermera... Así que aproveché para renovarle el de Rosalina. Esta tienda era como un Open Cor en miniatura.

-Y ahora una cremita.

-Pues mira, estas dan calor, estas frío...

-Ay mi madre es muy friolera, la de veces que discutimos porque no se saca los calcetines ni para ducharse. Estoy impaciente por calentarla. 

También cogí un dado bien grande, que nunca lo encontramos cuando queremos jugar a la oca, y unas bolas chinas, para hacer juego con el Jarrón de la dinastía Ming del saloncito.

Cuando me estaba cobrando -un precio por cierto, bastante desorbitado- me fijé en unas pulseras de caramelo, como los de cuando era niña, pero mucho más grandes. Ahora las hacían con forma de collar babero. Qué del 2012.

-De los Candy Pussy dame tres. Qué genial que los hagan tan grandes. No me puedo resistir y los acabo de un bocado. 

Lo metió todo en una bolsa negra, me dijo que para preservar la confidencialidad. Eso, así la sorpresa será mayor. Mientras me iba, reparé en unas esposas, y me fui corriendo. Problemas con la policía no, que yo soy una rubia muy legal. 

No puedo esperar a ver la cara de sorpresa de mi madre cuando abra los regalos. Seguro que se le queda como la de las muñecas hinchables de la tienda. Aunque una hija como yo sí es un regalo.