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lunes, 28 de julio de 2014

El crucero del amor

Tras el desastre vacacional del año pasado decidí que era hora de cambiar mi rutina de verano. Estaba harta de tumultuosas playas donde las chicas sólo se dedicaban a subir la misma foto una y otra vez a Instagram con un hashtag a lo #paradise #relax #playa 

Además ese tipo de fotos me da hambre ya que más que piernas parecen salchichas. 


A última hora fui a la agencia de viajes de unos conocidos centros comerciales a quienes no les quiero hacer ningún tipo de publicidad. La chica de El Corte Inglés me atendió con un trato muy amable y respetuoso. Me recomendó diversos paquetes de viaje. De todos ellos uno llamó fuertemente mi atención. Era un bonito crucero por el mediterráneo y las islas griegas. El panfleto rezaba algo así: "Chicos estupendos están deseando conocerte, embárcate en el crucero del amor." Detrás del slogan había una foto de un par de chicos cuyos músculos reflejaban las gotas de aceite que bajaban por su cuerpo. ¡Era tan exótico el crucero que hasta ponía que iba a haber osos!

La verdad es que esa foto me bastó para decidirme. Nos apunté a Rosalina y a mí en esa aventura y en menos de dos semanas nos embarcamos en el barco del amor con el corazón abierto y las esperanzas en lo más alto. Todo iba a ser perfecto.

Rosalina me ayudó a deshacer el equipaje en mi camarote mientras le comentaba ilusionada las ganas que tenía de ese viaje.

-Ay Rosalina, me siento como Kate Winslet en Titanic salvo por esas cejas mal depiladas y esa elección de pintalabios tan de los 90. Espero que este barco no tenga barcas suficientes para todos los tripulantes que si no se muere mi amor verdadero en un trágico accidente nuestra historia de amor dejará de tener encanto.

-Ay el chambelán de DiCaprio estaba relindo en esa película...


Cuando deshice todo el equipaje me puse un bikini de infarto, mandé a Rosalina a buscarme al hombre más guapo de tercera clase y bajé a la piscina. No os podéis imaginar lo que me encontré. TODO HOMBRES. Hombres mojados y sudorosos bajo el tórrido sol mediterráneo.

¡Qué afortunada era! Las otras mujeres debieron de enterarse que yo también iba al crucero y lo anularían ya que sabían que no tienen nada que hacer con rivales como yo.

Por si fuera poco casi todo los hombres eran GUAPOS. Me sentía como el príncipe de Cenicienta eligiendo pareja como si de un catálogo se tratase.

Y para más inri el socorrista estaba cañón, una mezcla entre dios griego y modelo de revista con un minúsculo bañador rojo que no dejaba lugar a la imaginación. Era TAN guapo que incluso los demás hombres lo miraban con lo que claramente era cara de admiración.

Dejé mis cosas en una tumbona cerca del puesto de socorrista y fui directa a la piscina a llevar a cabo un plan especial. Cuando llegué a una zona donde el agua me cubría por los hombros me puse a chapotear.

-¡Socorro! ¡Socorro! ¡No sé nadar! ¡Que alguien me ayude!

Un señor mayor que nadaba cerca vino a mi rescate.

-¡Señorita! ¡Vengo a ayudarla! Cójase de mi cuello.

Hay que ver, ven a una chica vulnerable y se acercan todos como moscas. ¡Aprovechados!

-¡Uy no no! ¡Quita quita! -le dije- ¡Que venga alguien que esté homologado! ¡Preferiblemente un socorrista con bíceps de acero!

Pero el socorrista parecía no percatarse ya que estaba muy ocupado sometiéndose el bañador para que le coja más moreno la pierna.

Tras haber tragado involuntariamente una gran cantidad de agua decidí darme por vencida y prepararme para la noche. Tenía que sorprender a todos los varones con un modelito de infarto. Había sido un desastroso comienzo pero no debía olvidarme de que estaba en un lujoso barco en mitad de las islas griegas, era como Meryl Streep en Mamma Mia.


Cuando llegó la hora de la cena bajé sola al gran comedor con un precioso vestido de encaje bordado a mano por niños tailandeses explotados.

Me senté en la mesa que compartía con tres fornidos varones. Después de presentarme nos pusimos a coquetear tímidamente. 

Se llamaban Luis, Chema y Marcos. Ya imaginaba mi nombre bordado en mis toallas de mano al lado del suyo.

-¿Qué tal? Yo soy Marcos.

-¡Hola! Yo soy Luis y él es Chema, mi compañero de viaje en la vida. 

-¡Uh! ¡Qué casualidad! ¡Yo también vengo con mi compañera! ¡Se llama Rosalina! Aunque bueno, creo que compañera no es el término adecuado ya que en realidad le pago por horas... ¿Y qué os trae por aquí?

-Bueno -dijo Marcos- yo vengo a buscar pareja. Me han dejado hace poco y venía a animarme un poco.

Pobre Marcos, pensé, cortan con él y se gasta después su dinero en un crucero sin apenas rastro de mujeres...

-Nosotros venimos a descansar y divertirnos un poco. Ya sabes, tomar el sol, salir de fiesta... ¿Y tú Pepis qué buscas?

-Pues yo vengo a encontrar a esa persona especial de mi vida - respondí.

-¿Y Rosalina? ¿Ella no lo es?

-¡Oh! ¡No! Tenemos una relación muy cercana, llevamos mucho tiempo conviviendo juntas pero busco a alguien más. 

-¡Yo no le podría hacer eso a Luis nunca! -dijo Chema con cara de desaprobación.

La verdad es que Luis y Chema mostraban una relación muy cercana. Daba gusto ver una bonita amistad entre hombres tan sólida.

El showman del salón se subió al escenario micrófono en mano.

-¿Os lo estáis pasando bien? ¡No olvidéis de que en diez minutos empieza el concurso La Reina del Mediterráneo! ¡Aún estáis al tiempo de apuntaos!

-¡Oh! ¡No me lo puedo creer! ¡Voy corriendo a apuntarme! -dije emocionada.

Una vez ahí pude comprobar que la competencia no era muy alta. Había chicas con espaldas sorprendentemente anchas y la mayoría usaba un maquillaje nada favorecedor y muy poco sutil. Incluso muchas de ellas tenían unos rasgos demasiado masculinos para mi gusto. Por su propio bien, y por el de su autoestima, decidí retirarme de la competición, no necesitaba el título de La Reina del Mediterráneo, soy cuarta en la línea de sucesión al trono, si las infantas desaparecen en extrañas circunstancias y Froilán sigue siendo tal y como es la corona sería mía en un plis.


Agotada acudí al bar a tomar un refrescante cocktail a la luz de la luna. Me senté en una bonita butaca y tomé sorbitos de mi copa contemplando las estrellas. De pronto vi a un opuesto hombre que paseaba por la cubierta mientras miraba a la lejanía de la oscura noche. BINGO. Había encontrado mi Leonardo. Me acerqué a su lado.

-¿Si yo salto tú saltas? - le pregunté.

-¿Cómo dice señorita? ¿Se encuentra bien?

-¿Estará muy fría el agua? He oído que es como si te clavasen cuchillos afilados y una dama como yo no podrá aguantarlo sin un hombre a su lado...

-Lo dudo mucho señorita, está apoyada en la barandilla de la piscina, pero puede hacer la prueba a ver...

Decidí no tirar la toalla.

-La verdad es que estoy un poco sola en esta fría noche... Y en mi camarote sólo me espera el calor de las suaves sábanas de satén rozando mi cuerpo desnudo...

-Pues qué le vamos a hacer...

¡Pero bueno! ¿Qué estaba pasando en ese barco? ¡Ningún hombre mostraba interés por mí! Era como si de pronto esa masa de metal que nos arrastraba por el mediterráneo fuese mi kriptonita de seducción.

Nada, no había manera de abrirme camino a su corazón. ¿Sería una nueva moda hacerse el duro ante mujeres? ¿Sería alguna nueva forma de ligar sacada de un libro de esos de 50 Sombras? Una se descuida y le cambian las reglas del ligoteo en un momento. Pensé que éramos las mujeres las que teníamos que hacernos las duras, para algo me he pasado toda mi vida ignorando a Michael Fasbendder, he conseguido hacerlo tan bien que ni siquiera sabe que existo.

Que le den a Leonardo. ¿Para qué quedarse con el muerto de hambre si te puedes ir con el duque serio y avaricioso que te va a regalar fabulosas joyas y que al final de la película sobrevive?


Horrorizada volví a la barra de el bar a pedir algo un poco más fuerte para ahogar mis penas cuando para mi sorpresa descubrí a un pequeño grupo de chicas que hablaban reunidas en una mesa.

-¡Uy chicas! Necesito un poco de estrógeno en mi vida. Menudo pluff de barco. ¡No hay forma de catar varón! ¿Vosotras habéis tenido suerte con algún mozo?

-¿Nosotras?- preguntó la chica regordeta de mi derecha.- ¡Ni uno!

Todas se rieron con las palabras de su amiga. Me alarmaba que no se preocupasen lo más mínimo de encontrar un hombre.

-Ay chicas no podéis ser tan pesimistas. Así no me extraña que ningún hombre se fije en vosotras. Ya sé que la búsqueda del amor puede parecer como una canción de Bustamante, dolorosa e innecesaria, pero no tiréis la toalla.

Ninguna parecía tener el más mínimo interés. Es más, era como si se hubiesen rendido en la vida. Llevaban unos peinados muy estrafalarios y una ropa poco halagadora que ocultaba sus curvas...

-Tenéis que potenciar más vuestros rasgos femeninos. Por ejemplo tú, estoy segura de que si te soltamos el pelo tal que así y te ponemos un poco el flequillo para este lado dejarás de ser un ser asexuado y mostrarás al mundo la preciosa chica que llevas dentro. Mmmmm... Uy pues parece que no.

-Cariño - dijo la más alta de todas - para qué interesarnos por hombres cuando existen bomboncitos como tú...

-Comprendo que la duda os asalte, pero necesitamos a un hombre que tras el primer divorcio nos de la suficiente solvencia económica para escaparnos con Zac Efron a una isla privada para el fin de los días.



-¿Y no te sirve una mujer como yo?

-¿Una mujer? ¿Para qué iba a necesitar yo una mujer?

-¡Cariño, si esto es un crucero gay!

-¿De gays? ¡Pensé que esa gente sólo existía en las series de la HBO!

No es necesario decir que antes de que el barco atracase en su destino tenía a todos los hombres (y mujeres) del crucero loquitos por mí. No es que tenga nada en contra de los gays, sólo que ningún hombre en esta tierra puede resistirse a mis encantos. Es más, adoro a los gays, la mayoría de mis novios lo acaban siendo y estoy convencida de que mi futuro hijo será gay. Lo único que les echo en cara es que a ver si dejan a algún hombre guapo para las mujeres que nos los han acaparado todos.

Os quiere,

La Pepis

sábado, 25 de enero de 2014

Mi único y último día de gimnasio.

Muchos de vosotros entraréis en shock tras oír la siguiente noticia: Me he apuntado al gimnasio.

"¿Por qué lo haces? Si tienes que ir al gimnasio, ¿dónde queda la esperanza para el resto de mujeres?"

Lo sé. 

Es duro reconocerlo pero los excesos Navideños han pasado factura. Las grandes corporaciones como Suchard (que no dejan de sacar productos con Oreo, de chocolate blanco, con avellanas o deliciosa galleta crujiente) odian sin duda a las mujeres. Si a eso le sumas que la gula estuvo de oferta estas Navidades (800€/kilo) comprenderéis el desastre que estas fiestas crearon en mí. Vamos que a mi lado Amaia Montero era un figurín.


Por eso no me ha quedado otro remedio que apuntarme a un gimnasio. Lo primero fue buscar un gimnasio céntrico, preferiblemente uno en el que entrene Blanca Suarez. Cuando localicé el gimnasio ideal (justo al lado de un Starbucks) fui a preguntar tarifas. Quería algo baratito y sobre todo apuntarme sólo un mes para probar ya que a lo mejor eso del ejercicio no era lo mío y le sacaba más provecho a ir persiguiendo a Xabi Alonso por la calle. Acabé con la tarifa más cara suscrita durante todo un año, pero bueno, al menos la matrícula me salió gratis.

Mi tarifa de gimnasio incluía entrenador personal y tenía clases por la mañana de 16:00 a 17:00. He de aclarar que la tarde es la mañana de los ricos.

El siguiente paso era comprarme el vestuario adecuado. Quien se piense que las pintas que se lleven al gimnasio dan igual ya que "ahí se va a hacer ejercicio" está muy equivocado. Seamos claros, al gimnasio se va a ligar y a fingir que haces algo mientras analizas tu próxima presa vestida de punta en blanco. También se va para poder subir una foto en Instagram "entrenando" y poner un tweet diciendo "me voy al gym". En la sección de deporte de unos grandes almacenes encontré todo lo que necesitaría. Debo aclarar que no digo el nombre de la tienda para no hacer publicidad en mi blog personal. 

¿Por dónde iba? Ah si! Estaba en El Corte Inglés comprando cosas. Lo que me costó trabajo fue encontrar el calzado adecuado. Por mucho que las grandes marcas se empeñen en vendernos horrendas deportivas multicolor no les hagáis caso. Al gimnasio hay que ir minimalista y chic. Nada de New Balance (horrendas por cierto) o de colores fosforitos.

En mi primer día llegué antes de tiempo. Fui al vestuario a cambiarme, me sorprendió ver cómo hay gente que no siente ningún tipo de pudor por enseñar su cuerpo mientras yo hacía malabarismos envuelta con cinco toallas para cambiarme las mallas con discreción.

Entré en las instalaciones y eché un vistazo a los machos que había en el gimnasio, con ese panorama una mujer no podía atender a otra cosa.


Decidí hace un poco de cinta para ir calentando. A mi lado tenía al motivado de turno que no dejaba de mirarme con superioridad mientras yo aporreaba los botones para encender la dichosa máquina. No quería darme aires de grandeza pero tenía la sensación de que se me iba a dar muy bien eso de la cinta. Empecé con el nivel 2. Poco a poco. Nivel 3. Nivel 4. Nivel 5. Niv...


Lo siguiente que probé fue la bicicleta. Chop, chop. A mi lado tenía a una chica que parecía sacada de un anuncio de agua embotellada, se motivaba con la música de la radio y pedaleaba como si le fuese la vida en los estribillos de las canciones. A mí, si me pusiesen lo último de Chopin, también le daría duro con los golpes de orquesta. Veinte minutos pedaleando. Vi que el monitor de mi amiga marcaba unos 15 kilómetros. Me giré al mío. Seguro que tenía miles y miles de kilómetros tras estar una eternidad pedaleando sin descanso. Cinco metros.

Pronto me vino a recoger mi instructor. Y AY MADRE MÍA MI INSTRUCTOR. Que parecía sacado de una escultura de Miguel Ángel. Ñam!


-Bueno Pepis, vamos a empezar con ejercicios sencillos. Tenemos que tonificar estas zonas del cuerpo.

-¿Sabes si Victoria Beckham está inscrita a este gimnasio? Porque espero que no me monte un Ana Obregón después de mi breve pero intenso romance con David en ese íntimo bungalow de Hawái.

Los ejercicios que me puso el entrenador eran complicados y duros. Además mi mente estaba en otro sitio...

¿Sabéis que si hacéis ejercicio sudáis? Curioso.

-A ver Pepis, vamos a probar otro método. Quiero que levantes estas pesas como si fuesen bolsas de Manolo Blahnik y las tuvieses que llevar a tu casa antes de que la bolsa se rompa.

-Jajaja. Dudo que la bolsa se rompa, verás, una vez compré cinco pares y...

-Mira tú haz como yo.


-Pepis, necesito que hagas el ejercicio. A ver, mejor probemos con el step. Piensa que es el primer día de rebajas y tienes que entrar en el corte inglés antes que nadie para poder comprar ese bolso que viste y que has escondido en alguna esquina. Imagínate que es como subir escalones.

-¿Rebajas? Ay por favor, querrás decir el primer día de la nueva colección.

-Si te sirve... Venga, vamos corazón, tu puedes, ¿quieres que te traiga un poco de agua?


Ya había tonificado un 70% de mi cuerpo y estaba a dos movimientos sutiles de pelo de que mi monitor me pidiese una cita cuando este me dijo que iba a ir un compañero suyo a sustituirle el resto de la clase. Me tomé un descanso mientras esperaba a mi nuevo profesor que si era tan guapo como el otro iba a tener que ampliar mi suscripción en ese gimnasio. Estaba comiendo una palmera cuando un señor que tenía pinta de dedicarse a descargar frutas se acercó.

-¡Señorita Pepis! Quiero que deje esa palmera y se ponga a hacer flexiones ahora mismo! ¿Está usted aquí para comer o para hacer ejercicio? ¡RESPONDA!

-Si señor, ahora voy-dije temblorosa antes la masa musculosa de más de dos metros que me gritaba.

-¡VENGA! UNA, DOS, TRES. MÁS RÁPIDO!  CUATRO!

-Por favor no me pegue! Tome todo lo que tengo y lárguese! Mi bolso está en la taquilla 421 y la combinación es 1980, es el año en el que nació Ryan Gosling.

-DÉJESE DE ESTUPIDECES Y PÓNGASE A HACER FLEXIONES.

-Uuuuuuunaa, ddoodddooooooooooos, tretretreeesssssssssssssss, cuaatrooooooooooo...

-HASTA ABAJO DEL TODO!

No hará falta explicar que tras obligarme a hacer 125 flexiones en contra de mi voluntad ese fue mi primer y último día en el gimnasio. Y por si fuera poco al día siguiente alguien con mucha envidia me debía estar haciendo vudú porque sentía como agujas por todo mi cuerpo. Pero lo que más me dolió fue cuando mi cuerpo inerte intentó usar la sauna quedé traumatizada de por vida, la anatomía masculina dejó de ser un misterio para mí. Nunca me hubiese imaginado que tantos hombres se preocupasen por su cutis.

Cuando intenté darme de baja me llevaron a la oficina del chico que las gestionaba. El chico más guapo no podía ser. Con mucha amabilidad me explicó no sé qué de que para darme de baja tenía no sé cuántos días para avisarlo en no sé dónde antes de que se me acabe mi contrato. Pero ya no me importaba, sólo me importaban sus ojos.


Así que he acabado renovando mi contrato otro año más. Aunque ni loca lo vuelvo a pisar, tendré que conformarme con perseguir a mi Xabi por la calle.

Os quiere,
La Pepis.

jueves, 7 de noviembre de 2013

¿Trabajo?

Creo que es hora de que todo el mundo lo sepa y que la verdad salga a la luz de una vez. No sé si debo avergonzarme o no, lo único que sé es que no puedo mantenerlo en mí mucho más tiempo.

Sucedió una fría tarde de noviembre. Mi padre se me acercó y me dijo algo horrible, algo de lo que cualquier hijo nunca se olvida, algo que hace que una prueba de embarazo positiva parezca un problema secundario. Me dijo: "Pepis, es hora de que te pongas a trabajar."

Después de buscar en un diccionario qué significaba esa palabra tan enrevesada le dije a mi padre que no entendía qué estaba pasando.
-Verás Pepis, no puedes gastarte tanto dinero cada vez que sales de compras.

-No te sigo-le contesté mientras me quitaba mi nuevo abrigo de Balenciaga de 1.695€ y mi nuevo pañuelo de Hermès de 320€.

-Pepis, si quieres comprarte estos caprichos te los tendrás que ganar tú misma.

-¡Eso no es justo! ¡Los niños de África no se ganan toda esa ropa que les regalamos!

Parece que el argumento no le convenció lo suficiente. Mi padre cogió el teléfono y se puso a hacer llamadas a sus amigotes, en media hora volvía hacia mí con noticias.

-Te he encontrado un trabajo en la oficina de un amigo mío, es médico, veterinario, mañana a las 10:00 tienes la entrevista.

-¡Una entrevista!-esto de trabajar empezaba a sonar bien- De acuerdo, ahí estaré.

Mi primera entrevista, de esas de la televisión en primetime en las que la protagonista (yo) rompía en lágrimas y entre sollozos explicaba cómo había sido una luchadora toda su vida y lo único de lo que se arrepentía era no haber sido una mejor madre para sus hijos y de haberse acostado con Sergio Ramos. No podía estar más emocionada, sonaba muy chic y muy hollywoodiense. Tendría que comprarme un nuevo modelito, si Oprah Winfrey me iba a entrevistar no podía hacerlo con cualquier pinta. Esto es lo que me compré:

-Abrigo: Zac Posen - 43789€

-Camisa: Chloé - 1279€

-Falda: Viviene Westwood - 230€

-Zapatos: Christian Louboutin - 745€

Sé que suena un poco caro pero era necesario si me iba a entrevistar Oprah Winfrey (al menos esperaba que fuese así porque si me entrevistaba Ellen DeGeneres mucho me temía que la iba a acabar conquistando) y después le iba a regalar coches a la audiencia, yo tenía que estar a la altura. Además la primera impresión es lo que cuenta, que si no toda la vida la gente te andará recordando cosas como esta:
El día de la entrevista me desperté nerviosa. No me gusta eso de levantarme pronto (creo que la gente pobre tiene una palabra específica para esa acción) menos mal que sólo era esta vez para hacer la entrevista!

Fui en taxi al sitio en cuestión (20€), me extrañó no ver a la prensa esperándome en la puerta y era un poco frustrante tras haber estado memorizando la noche anterior un bonito discurso sobre cómo iba a trabajar para darle un ejemplo a la mujer y ser una imagen a seguir y cosas así. Ah! Y también mencionaba a Lydia Bosch y a los pobres de Cáritas.

Entré en la recepción. Olía mal. Había un montón de gente en la sala de espera con todo tipo de animales. Ay la gente...de verdad... ¡Menuda guarrada ir al médico con tu animal!

Una señora de detrás del mostrador, que parecía que se había rendido en la vida, me miró de arriba a abajo y me preguntó quién era.

-Soy Pepis. Tengo una entrevista a las 10:00, posiblemente con Oprah Winfrey.

-¿Quién?

De pronto de una puerta detrás de mí, salió un atractivo joven de treinta y pico años vestido con una bata blanca.

-¡Pepis, por aquí!-me dijo sonriéndome con una sonrisa que tenía poco que envidiar a las que me dedica por la televisión Xabi Alonso.

Entré en el despacho de mi apuesto futuro novio. Fue un shock cuando me enteré que la entrevista me la iba a hacer él y que eran preguntas del todo estándar como cuántos años tienes, qué estudias. En ningún momento pude confesar ningún tipo de pasado adicción para acabar finalmente ganándome el cariño del público. Lo que sí que conseguí es darle mi número a ese atractivo médico.
Me explicó con paciencia qué era un veterinario y por qué diablos iba a necesitar un animal un médico, aunque la verdad yo sólo lo veía mover los labios que dejaban escapar esa dulce sonrisa.

Mis funciones en la empresa era ayudar a la recepcionista (la muchacha desagradable que se había rendido en la vida) a atender a los clientes y a recibir llamadas. Firmé el contrato después de llamar a mi abogado ya que no firmo nada sin tener antes asesoramiento legal.

Ese mismo día empecé mi trabajo. Mi primer cliente era un señor de sesenta años que traía a su perro a la consulta. Mi rápida agilidad mental le recomendó comprarse la Pelo Pico Pata y ahorrarse el dinero para gastarlo en un médico de verdad que le ayudase a disimular esas bolsas en los ojos. Pan comido.

Lo siguiente fue una llamada. Era una señora que llamaba para saber si nos había llegado la comida para peces. Le contesté diciendo que lo más inteligente que podía hacer con esos animales era tirarlos por el retrete en libertad porque yo he visto Buscando a Nemo y comprendo del sufrimiento de los animales acuáticos.
Miré el reloj, llevaba diez minutos trabajando así que decidí tomarme mi primer descanso de una hora e irme a comprarme un capricho por mi duro trabajo. Tras una rápida vista a BCBG y al Starbucks volví al trabajo dispuesta a darlo todo de nuevo.

Me esperaba mi nueva compañera con cara de pocos amigos, vamos la cara que pondría yo si tuviese que comprar en Cortefiel. Me dio una charla de al menos media hora sobre el sentido de la responsabilidad y del compromiso.

Entraron en la clínica una madre y su hijo pequeño, traían consigo un bonito dálmata.

-Uh! ¡El dálmata número ciento uno para el precioso abrigo que me estoy haciendo!-grité emocionada.

Después de eso vino una señora diciendo que su canario había dejado de cantar. Sugerí que lo dejase en libertad, que a lo mejor necesitaba estirar un poco las piernas. Pues resulta que no dio mucho resultado, mi compañera dedicó dos horas de su mañana a perseguir al pájaro por la oficina como una loca, menudo bochorno...

El resto del día pasó sin sobresaltos. Me puse al día con las novedades del mundo animal gracias a los capítulos de Waku Waku. Ya estaba lista para tomar las riendas de ese próspero pequeño negocio.
Pronto fue mi descanso de la comida, seguido de mi descanso de la merienda lo que llevó al fin de la jornada. Entré en la consulta y les dije:

-¡Bueno me voy a casa! Hasta mañana a las cuatro!

-¿Cómo que hasta las cuatro?-me respondió la desagradable de mi compañera.- Mañana abrimos a las 9:00.

-Uh! No no, me va a ser imposible, mañana tengo cita con mi decorador de interiores y creo que ambas sabemos que sería muy poco profesional dejarlo plantado.

Me fui con ella murmurando a mis espaldas. No entendía por qué era tan severa conmigo, me había pasado toda la tarde dándoles consejos de belleza para corregir las imperfecciones de su cara que con mucho tacto llamé "un desafortunado error de Dios".
Al día siguiente llegué a las 6 de la tarde, me esperaba mi futuro marido con cara de malas noticias.

-Pepis, tenemos que hablar...

-Uh! No sabía que ya estábamos saliendo!

-Creo que no cumples con los rendimientos esperados. Creo que vamos a tener que pedirte que dejes el trabajo.

-Justo cuando te iba a pedir si me podía tomar mis vacaciones por adelantado!

-Verás Pepis... Creo que lo más sensato será...

-¿Me estás despidiendo? A mi nadie me deja! Si Quim Gutiérrez no me ha dejado no lo vais a hacer vosotros!

Les expliqué con todo detalle la lucha interna que llevé a cabo para sacar esa empresa adelante pensando nombres más atractivos para el negocio mientras que mi otra compañera sólo hacía cosas que cualquiera podía hacer como responder llamadas y atender a clientes. A pesar de todo me pidieron que recogiese mis cosas y me fuese a casa.

Discriminación femenina, lo sé, una piensa que los tiempos han cambiado pero va y se encuentra que la sociedad no deja de meterle palos a la mujer trabajadora y profesional como yo.

Todo cambió cuando en un intento de animarme me dijeron que podía cobrar el paro. Y vaya si me animó, no sabía que existía la opción de cobrar haciendo nada. Tras darle un largo discurso a mi excompañera sobre su inminente desgaste ovular me fui del lugar. Me merecía unas largas y descansadas vacaciones.

viernes, 16 de agosto de 2013

Mi ingreso en prisión

Antes de que salga una portada a doble página en las más aclamadas revistas del corazón quiero que tengáis mi versión de los hechos. He estado en prisión.

Lo sé, traumático. 

Aún no entiendo como llegué a esta situación así que empezaré por el principio. Todo fue culpa de Rosalina. Por alguna egoísta razón decidió enfermarse y tuve que reemplazarla por unos días.

Lo primero que hice fue poner la telenovela de la primera y ver qué actriz secundaria parecía lo bastante desesperada como para trabajar para mí. 

Abrí el periódico por los anuncios por palabras y vi una foto de una jovenzuela vestida con un uniforme de ama de casa poco ortodoxo. Pobrecilla, no tendría dinero para comprarse otro y la de frío que habrá pasado limpiando casa por casa con ese corto uniforme que claramente era de cuando era una pequeña niña inocente. 
Decidí acogerla bajo mi humilde techo. Además también leí su descripción:

"Joven universitaria que necesita pagarse los estudios. Dispuesta a trabajarte a fondo. Discreción asegurada."

Uh! Además con estudios y discreta! Angelita, debía avergonzarle ir de casa en casa limpiando. Y se veía trabajadora y entregada. Todo eran ventajas.

Llamé al número que indicaba el anuncio y me contestó una dulce voz. Le dije que necesitaba sus servicios rápidamente y me preguntó que si eran para mí. Le contesté que no, que no se preocupase, que íbamos a disfrutar un montón de gente de sus esfuerzos. Le dije que mi padre necesitaba una limpieza de su despacho a fondo y que mi abuela también estaba encantada, que al principio ella mismo se ofreció pero que con la edad que tiene no estaba para esos trotes. También le dije que a pesar de que mi abuela lo negase, en el fondo le gustaba que le echasen una mano con sus cosas.

Tras elevar por algún extraño motivo su tarifa inicial en una hora ya la tenía llamando a la puerta. La invité a entrar.

-¿Quiere pagarme por horas o prefiere contratarme para todo el día?- me dijo ella tímidamente.

-Uy! Un día se nos va a hacer corto! No sabe la cantidad de trabajo que damos!

Justo en ese momento sonó el timbre. Era el padre Damián que venía con su clase de niños del catecismo a pedirme mi colección de temporadas de Marcelino Pan y Vino. Le presenté a mi nueva limpiadora que le devolvió un tembloroso saludo.
-Venga! A trabajar! No te quedes ahí parada!

-No estoy segura de querer hacerlo...

-Que sí mujer, no seas tímida. Además estos niños estarán deseando verte trabajar para saber cómo se hacen las cosas cuando crezcan. Sobre todo las niñas, querrán aprender todos tus trucos para poder satisfacer a sus maridos en un futuro!

La joven empezó a titubear. Vi que de su bolso asomaba un saquito con una sustancia blanca.

-Pero si hasta has traído harina! No hacía falta mujer! Tenemos en abundancia! Pero qué dedicada que eres! Mmmm! Estoy deseosa de probar el pastel que me prepares!

Acto seguido la muchacha salió huyendo sin dar ninguna explicación. Decidí seguirla por la calle. 

-Espera! Espera!-le gritaba- Te necesito! Yo te necesito, mi padre te necesita, mi abuela te necesita! Todos te necesitamos!

Un policía se acercó a la escena y nos preguntó que a qué venía ese alboroto. 

-Pues mira oficial, muy fácil de explicárselo. Decidí contratar los servicios de esta señorita pero parece que se niega a dármelos.

-Señora-dijo el oficial-¿qué es eso que lleva en la mano?

-Uh! Señora... Señorita! (Guiño, guiño) Esto? Pues harina. Pero eso no importa, el asunto es que no entiendo la razón por la que no iba a querer trabajar en mi casa!

-Señorita, sabe usted que la posesión de polvo de ángel es ilegal?

-Uy oficial! Ya sé que tengo un polvo como los ángeles pero no es momento de flirteo!

Bueno, no voy a seguir explicando cómo siguió la cosa pero a los tres minutos me encontraba detenida. No sirvió tampoco de mucho cantarle "Mr. Policeman odio el control de alcoholemia" cuando me mandó soplar por un aparatito.

Horrible, fue realmente horrible. Y lo peor de todo es que no estaba por ningún lado David Civera cantando: 

"Que la detengan, es una mentirosa, malvada y peligrosa, yo no la puedo controlar!"

Lo primero por lo que tuve que pasar fue por el cacheo. Un comisario gordito y con cara bonachón se acercó.

-No, no! Si me vais a cachear al menos que lo haga ese- dije señalando a un semental que pasaba por ahí, por fin entendía eso del "cuerpo de policía".
El jovenzuelo me vino a cachear.

-Mmmm toque toque, podía llevar droga en los rincones más inhóspitos de mi anatomía...

Después de jugar al "frío, caliente" por mi cuerpo, durante tres cuartos de hora, fue el turno de hacer una sesión de fotos sujetando un cartel. Sin embargo la iluminación no era nada buena y mi pelo no tenía su mejor día y no veía mi camerino por ninguna parte.
Cuando pregunté para qué revista era me dijeron que para "Los Archivos". No me sonaba. Al menos ayudaría a impulsar una revista desconocida en ese agresivo sector.

Hice lo que pude para salir decente, si logré salir bien en mi foto del DNI podía también con eso.
-Creo que ha habido una confusión. Deben estar buscando a Paris Hilton. Dicen que nos parecemos sólo que yo no soy fea y no tengo un ojo vago-le expliqué a un señor que me daba un espantoso mono naranja.- De verdad que estáis equivocados, yo no puedo entrar en prisión, ¡no soy lesbiana!

No les pareció importar en absoluto.

-Ah! Por cierto! Antes de que se me olvide! Mañana tengo que salir de la cárcel un rato que tengo cita con el podólogo! Así que si fueseis tan amables de pedirme un taxi para las 17:00 os lo agradecería mucho.

Un par de guardias me acompañaron al interior. Era definitivo, había ingresado en prisión.

Prisiones, prisiones... ¿Qué sabía yo de las prisiones?

Sabía que en cualquier momento podía aparecer Lady Gaga y nos fusionaríamos en un baile erótico. 
Mmmm... ¿Qué más?

Sabía que era el segundo hogar de Lindsay Lohan.
Mmm...

También sabía que habían echado una serie en la Sexta pero yo no veía canales de izquierdas.

¿Algo más?

Ah si! Sabía que se traficaba con tabaco! Pues muy fácil. En cuanto entrase iría derecha a la cafetería y compraría en la máquina de tabaco un par de cartones. Ahora la única preocupación era saber si esas máquinas aceptaban pagos con mi tarjeta American Express.

Me presentaron a mi compañera de celda: Lola. Nada más echarle un vistazo supe el motivo de su estancia en prisión, había cometido un crimen, un crimen contra la moda. Lola tenía el pelo descuidado y sucio, llevaba el mono remangado y lo había conjuntado con unas horribles zapatillas. 

-Me pido la litera de arriba!-grité.

-Pero ahí llevo durmiendo yo dos años-contestó Lola.

-¿Pero te la has pedido alguna vez?

No llevaba media hora explicando las propiedades de un baño de queratina a mi nueva amiga Lola cuando me entraron ganas de hacer pis.

-Guardia! Guardia! Necesito ir al servicio! Ábreme! Guardia!

Nadie contestaba. Para mi horror Lola me señaló una estructura de metal parecida a un inodoro que había en una esquina de la celda.

-¿Sabes si es marca Roca? Porque si no no creo que pueda...

Pronto nos mandaron al patio y acudí entusiasmada para ver cómo las pandillas de lesbianas se peleaban por mis huesos. Pero nadie se me acercó. Qué poco halagador!

Me tenía que hacer respetar desde un principio y no dejarme intimidar. Esta fue mi estrategia:
A la hora de comer me senté en la mesa de lo que asumí que eran las populares. Pronto me integré en el grupo, me enteré de todos los cotilleos: quién manejaba el cotarro, a quién tenías que acudir para cada tipo de favor. Aprendí la jerga de prisión en un santiamén. Ya era una de ellas. Vi a Lola entrar en el comedor:

-Lola! Lola! Ven! Siéntate! ESTOY AQUÍ CON MIS ZORRAS!!!

-TUS QUÉ????-me preguntaron todas al unísono.

-Mis zorras! Por qué? Se dice así, no?-dije sin darle mucha importancia.

No entraré en detalles de lo sucedido a continuación pero no fue agradable. Se abalanzaron todas sobre mi y nos empezamos a pelear. Menos mal que tenía experiencia en las rebajas. Todo esto mientras la típica amiga negra de tu pandilla de la cárcel gritaba: "YO NO SERÉ LA ZORRA DE NADIE!!"
Horrible para la manicura.

Tristemente no duré mucho más en prisión. En cuanto lo supieron, todos mis admiradores se pelearon por pagar la fianza. Al final tuvo que venir Beyoncé a rescatarme y a decirme lo mala que había sido.

Mi abogado negoció un mes de trabajos comunitarios con el juez. Cuando me enteré que tenía que hacerlos yo y no podía mandar a Rosalina me sentí estafada. Creo que eso fue lo que me hizo dejar de tener fe en el sistema.
Sin embargo decidí tomarme la justicia por mi cuenta y decidí que mi trabajo comunitario de hoy en adelante sería ir a Pimkie y decirle a la gente que se vaya a otra tienda.

Si existe una moraleja en toda esta historia supongo que es que no se debe dejar al servicio tomarse bajas por enfermedades. Creo que he aprendido mi lección.

Os quiere.
La Pepis

martes, 21 de mayo de 2013

Notas y Otros Dramas

Siempre he sido una estudiante modelo, tanto que cuando entré a PCA expulsaron a Zoey 101 por no dar la talla. Vale que contrataba a un equipo encabezado por Stephen Hawking para que me hiciesen los deberes, pero esos son detalles sin importancia. 
También tenía más ventaja que el resto de la clase ya que para estudiar la época de los Reyes Católicos y la conquista de América representaba la lección con Rosalina y con el resto del servicio las escenas por la casa adelante. ¡Qué risa verlas correr en taparrabos mientras les restregaba todo el oro que les habíamos robado! Cuando entró el temario de la inquisición me iba de fiesta a cualquier discoteca después de las tres de la mañana y comprendía fácilmente los motivos que impulsaron a esos actos.
Sin embargo llegó la Universidad y con ella mi catástrofe personal. A pesar de todas mis discusiones con mi padre, en las que le suplicaba que la única carrera que quería tener era "la carrera de la vida" como cualquier artista/modelo que se precie, tuve que decidirme a estudiar algo. 

Dicen que escoger tu carrera dictaminará lo que serás el resto de tu vida. Por eso tenía que andar con pies de plomo. A continuación os dejo una tabla que refleja el verdadero significado de cada carrera:

ADE - Quien vale vale y quien no para ADE
Periodismo - NiNi que se cree alguien
Psicología - Perroflauta elegante
Política - Perroflauta ladrón
Filología – Perroflauta
Audiovisuales - NiNi
Medicina - Matados
Biología - Ana Obregón
Física - Profesor de la ESO
Química - Profesor de Bachillerato
Geografía - ¿Eso no está estudiado ya?
Diseño – Alguien tendrá que vestirme.
Arquitectura - Morirás sola entre tantos gays
Turismo - Para eso mejor que no hagas nada
Bellas artes - Es bonito que la gente tenga un hobby
Ingeniería - Carencia de gusto por la ropa o aseo personal
Magisterio - Gente que ha perdido esperanza en la vida en general
Recursos humanos - Destinada a los vagos que ni siquiera fueron capaces de cogerse ADE.


Tras muchas vueltas decidí que lo mejor sería estudiar derecho. Era una apuesta segura. Las mujeres de derecho aún poseían gusto por la moda, había el número adecuado de gays por metro cuadrado y realmente era una carrera con la que salías con los mismos conocimientos con los que entrabas así que no tendría que hacer mucho esfuerzo.

He de decir que quizás me confié demasiado. Me perdí con tantas emociones nuevas y me absorbió la dinámica de las mujeres de derecho de enseñar cada día una prenda nueva de su armario e ir paseándose, pintadas como una puerta, por la biblioteca adelante haciendo claqué con tacones de medio metro. Pero eso no duró mucho porque no hay nada que rompa más amistades en esta vida que los trabajos en grupo de la universidad.

Mi horario constaba de asignaturas de extraños nombre como Fundamentos Históricos del Sistema Jurídico, Libertades Públicas y Derechos Constitucionales, Introducción al Derecho Civil y al Derecho de la Persona. Y antes de que consiguiese aprenderme bien el nombre de la materia ya había acabado la asignatura. La gente más desesperada se apuntaba a la academia para lograr sacarse esas asignaturas pero al final entendían más en clase que en la propia academia.

Al final, si una quería compaginar sus estudios con su vida personal, tenía que recurrir a esto:

También tenía asignaturas de libre elección y mi libre elección era no tomarlas. En cuanto a las de humanidades yo ya había contribuido a la humanidad donando mi paquete de lentejas caducado en la colecta de Navidad.

No sé si realmente me sorprendí cuando vi mis notas. Sin embargo una de las ventajas de la universidad es que existe una cosa llamada "revisión de examen" en la que si tiras por los suelos un poco tu dignidad cabe la posibilidad de que salgas airosa con un triste 5.

Nunca diré qué pasó ahí dentro. Tras dos horas esperando a que acabase con el pesado de turno el profesor nos dedicó 5 minutos al resto. Sólo os contaré que lo de la asistencia a clase es un timo, no sirve para nada. Y mira que le dije al profesor que yo había mandado a más asistentas a clase que nadie para que me tomasen todos los apuntes. Tampoco sirvió de mucho tirar discretamente al suelo un fajo de billetes y fingir, a la vez que guiñaba el ojo, que no sabía de dónde habían salido. Lo único que me consoló fue darle un par de bofetadas bien dadas a esa gente que había ido a la revisión a que le subiesen del 7 al 8 o a que le pusiesen la matrícula.

Hasta aquí mis aventuras en estas épocas de examenes. Sólo me consuela recordar que sigo siendo mejor que vosotros.
Os sigue queriendo,
La Pepis

domingo, 27 de enero de 2013

Carpe Noctem

Toda señorita debe cultivar su vida social. Continuamente tengo que inaugurar pantanos, pasearme por ferias caritativas o subastar mis clínex; pero lo que más me gusta son las reuniones nocturnas,también muy importantes. Por ello, es frecuente verme en los locales con más glamour de mi ciudad. Mi séquito de amigas siempre me acompaña para hacer el conocido efecto grupo: si ves en conjunto a un grupo de chicas siempre parecen más espectaculares que viéndolas una a una. Evidentemente ellas son las únicas beneficiadas, ya que yo brillo con luz propia. Todas mis noches son especiales, pero aquella fue legen… daria.


El ritual de preparación de la noche empezó a primera hora de la mañana. La manicura, pedicura y acupuntura siempre son básicas para una buena velada. Mis ratones habían estado hasta la madrugada cosiéndome algo bonito, y Rosalina caminó hasta el alba con mis Jimmy Choo nuevos para darlos de sí. Después de verme varios videoclips de Beyoncé para aprender pasos rompepistas y revisarme toda la actualidad –mi misión en la vida es romper el tópico de que las rubias son tontas- se me hicieron las 9 de la noche, y tenía que salir. Habíamos quedado a las 00:00 y por alguna razón llegué a la 1. Cuando una chica va con tiempo siempre pasa algo para que acabe llegando tarde. Para mi sorpresa una de mis amigas venía con un vestido muy parecido al mío, pero no pasó nada: siempre llevo un modelito de repuesto en el bolso, así que se lo di y le dije que se cambiara.  A otra la mandé directamente a casa, no sin antes llamar a Plain Jane para que transformara a esa chica con potencial en una mujer con poder. Kim Kardashian se retrasó un poco por intentar entrar en una 38 con su pandero. Pese a todo no se lo tuvimos en cuenta. Bueno, un poco sí y le tocó ser la amiga simpática.

Primero dimos un par de vueltas en mi Hummer rosa hasta coger el puntillo mientras veíamos a los pobretones hacer botellón a la intemperie y le tirábamos cacahuetes. 


Litros y litros de champagne con virutas de oro –mano de santo para la resaca- resbalaban por nuestra delicada garganta. Muchos se nos acercaban a pedir vasos, pero como comprenderéis no voy a dejar beber por el Santo Grial a nadie. También observamos como las más chonis se acercaban a fotografiarse. Como me sentía generosa le compré a una un par de paquetes de clínex para que se sacara unos eurillos esa noche para sus gastos. Otro embarazo no deseado que se evita gracias a la Pepis.

Una alfombra roja por toda la carretera nos guiaba hasta la discoteca. No sabéis el frío que se siente cuando conduces sobre asfalto al estar acostumbrada a estos caprichitos. Cuando llegamos los paparazzis se abalanzaron sobre nosotras con sus flashes, pero Mariano Di Vaio me agarró por mi cintura de avispa –nací sin costillas flotantes- y los apartó a la vez que decía:

-Dientes, dientes, que es lo que les jode.

Una vez dentro fuimos a la zona VIP, Very Important Pepis, a tomar otra botellita. La cuestión es que no sé si fueron las burbujas, que en los anuncios siempre se ven muy activas, o que me la bebí yo entera, que del subidón me salí del reservado y me mezclé con la plebe.

Fue como viajar en el tiempo, ya que toda la ropa era de temporadas pasadas. Me sentía en el armario de mi abuela. Botas por las rodilla, pantalones cortos rojos, zapatos blancos de punta, chaquetas toreras de licra (Hello?), collares de bolas, chalecos, camisetas masculinas con escote…  Incluso había chicas que salían de vaqueros, lo que hacía difícil diferenciarlas de los hombres. Pese a todo, yo me sentía en mi salsa, una salsa cuyo ingrediente principal era el alcohol -consumido de manera responsable por supuesto- y bailaba con unos y con otros. Empecé con el tango de Roxanne.















Pero pocos me supieron seguir, así que pasé al estilo “me atuso el pelo mientras me muevo lentamente porque sé lo sexy e irresistible que soy”. 


Los chicos se me acercaban a puñados –chúpate esa efecto Axe- y me daban vueltas y más vueltas, por lo que tuve que ir al baño a tomarme una Biodramina. Aproveché para retocarme y hacer amigas, porque otra cosa no, pero el baño de mujeres tiene mucha actividad social.

Cuando me reincorporé a la fiesta se me acercó un chico que comenzó a bailar como si se estuviera tocando a sí mismo. Llamé a seguridad rápidamente. Pervertidos a mí NO. Al rato un oriental se me acercó ofreciéndome algo:

-Oooooh gracias! Nunca me habían regalado tantas rosas, gafas, gorros y llaveros que no cumplen la normativa de seguridad de la Unión Europea.

-Un eulo.

-Yo Pepis, encantada.

-No señolita, si tú quelel compral yo vendel pol 1 eulo.

-¡Pero qué desfachatez! Con todo lo que apoyé al cine japonés viendo Mulan.


No me quise calentar, y me fui a dar una vuelta. Miraba a mi alrededor puntuando a los chicos –ninguno pasaba del notable raspadete- cuando vi a un 9, claramente desubicado. Me insinué como sabemos hacer las mujeres, que es ponerse a bailar provocativamente –pero elegante a la par- con una desconocida, en una competición clara por llamar la atención, digna de un documental de la 2: “algo quiere la coneja cuando mueve las orejas”. Mi 9 se dio cuenta enseguida, y se fue acercando bailando también. Pero no sé si tenía algún tic nervioso que lo hacía como si pegara al aire, y mientras se acercaba el 9 pasó a 8, a 7, y finalmente a 6. Así que antes de seguir la cuenta atrás me curé en salud y fui a pasarle mi lista Spotify Premium al DJ. No me lo podía creer, ¡era Mario Vaquerizo! Le dije que me encantaban sus bragas, que eran las mismas que tenía yo, y que poca gente las llevaba con tanta masculinidad. Estuve un buen rato bailando con él. Paquirrín llegó con su retraso, pero puntual, y yo me volví a bajar a la dance floor cual Madonna. Lo bien que se lo puede pasar una sola. Vi un montón de abrigos y bolsos camuflados por las esquinas de la discoteca, así que los recogí y los dejé todos en un sitio que ponía ropero, que ellos se hicieran cargo. De nada.


De repente anunciaron una actuación especial de unas gogós con serpientes. Me alejé no fuera a ser que mi bolso fuera familiar de alguna, no sin antes advertir a esas muchachitas de que se habían olvidado la ropa en el camerino.

Por ahí había también una despedida de soltera que llevaban esas diademas con pililillas que en alguna ocasión se usan para sacarte el pelo de delante de la cara cuando estás por casa. No hay diademas con genitales femeninos porque parecería un hachazo.

Los pies me empezaron a doler, necesitaba alcohol rápido. Una mano salió de entre la multitud y me dijo:

-¡Tú!

-Y yo!

-Vivamos el momento!

Me gustaba su sentido del humor así que bajé la guardia unos segundos. Se me acercó y me dijo que era la más guapa de toda la discoteca –el primer chico que lo dice de verdad- y que sabía que no era digno de mi belleza -algo cierto también pero ¿quién lo es?-. Me empezó a mirar cada vez más fijamente, lo que me hizo ponerme nerviosa y saqué mi polvera por si tenía alguna virutilla de oro entre los dientes. Eso no era, pero el chico continuaba, ¿sería miope? A mí la técnica de ligar haciendo sentir incómoda a la chica hasta que no tiene más remedio que liarse con él nunca me convenció mucho, pero no se podía negar su efectividad. Se me fue acercando y me susurró al oído:

-Te voy a matar…

Un escalofrío recorrió mi espinazo. Se me fue toda la tontería de golpe y ya tenía mi spray antiviolador apuntando a sus ojos de enajenado cuando añadió:

-….del gusto

No hubo marcha atrás después de esa frase ya se había sentenciado: contigo no, bicho. Me fui, lejos, arrastrando los pies y desorientada, muy desorientada. Me apoyé en la barra, mojándome entera, como es costumbre, y un chico me invitó a una copa que acepté y huí con ella como alma que lleva el diablo. Al darle el primer sorbo me salió mi primera urticaria en los labios. Era garrafón. Lo escupí rápidamente y sin querer alcancé con mi saliva a una chica que no sabría decir si bailaba o intentaba mantenerse en pie. El caso es que se giró hacia mí con cara de pocos amigos.

-Tampoco te pongas así, que esa chaqueta es sintética por mucho estampado de leopardo que tenga.

Levantó su mano y yo sólo pude cerrar los ojos esperando la inminente colisión. 3 segundos. 5 segundos. 10 segundos. No pasaba nada. Cuando abrí los ojos mi Mariano Di Vaio estaba sujetando a esa bárbara. Le dije “Sálvame” y me sacó en brazos como el caballero que es.

Supongo que la moraleja de todo esto es que no importa de la clase social que seas siempre y cuando vuelvas a casa con los de la tuya. O que el garrafón saca lo peor que llevamos dentro. O que los chicos más raros son los que se acercan primero. O que no hace falta más que una misma para pasárselo bien. O que ante cualquier adversidad, lo mejor de todo es mantener la calma y quitarse la camiseta.