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jueves, 6 de septiembre de 2012

Mi puesta de largo II


Mis cuatro niñas y yo hicimos un círculo perfecto en el que íbamos rotando de posición aleatoriamente, simulando que seguíamos a la música, pero que en realidad era una táctica para fijar objetivos. Rápidamente divisé a mi hombre. Un chico apuesto, rubio, de negro y blanco, chaqué, una bandeja en la mano… uy no no no, ese es el camarero, cambio de rumbo.



-Morenazo a las 15:10 -gritó Carlota, que se las conocía todas.

A mí lo de decir la posición de la gente por las horas siempre me lió un poco. Yo era más de reloj digital, y eso, quieras que no, es un hándicap. Di vueltas sobre mi misma hasta que vi al moreno atractivo, y efectivamente era de toma pan y moja. Me abrí paso entre las perdedoras de mis amigas -con cariño eh!- y fui bailando hacia él como me enseñó JLo. Una vez a su lado me puse a sorber la pajita de mi copa muy sensualmente, pero como una dama siempre, que una cosa no quita la otra. El chico ni se inmutó y se apoyó en la barra. “Esto no queda así amiguito”. Apuré el alcohol para poder pedir otra consumición, lo que me dio un pelotazo considerable, y me acerqué al susodicho. Estaba esperando a que me atendieran y él seguía pasando de mí. Vale que fuera de blanco pero no era ningún fantasma. Así que tan pronto me acabaron de servir mi “Paseo de la mano en la playa” se lo tiré encima.

-Uy lo siento lo siento. ¡Qué torpe!

-¡Hala! Menuda faena maja.

-Deja que te limpio un poco.

-Nada es igual, ya me limpio solo.

“¡Pero bueno! Este no capta mis señales. ¿Será gay?” Me pregunté, como haría cualquier chica normal.

-Por lo menos deja que te invite a algo para compensar este desastre.

-No bebo, gracias.

Sí, definitivamente era gay. Y fue acabar de decir esa frase cuando una rubia de bote se le acercó y lo arrastró a la pista. Ay, cuando esa pobre Nancy barata se dé cuenta de que su chico es homosexual…


Bueno, la noche no empezó del todo bien, pero era joven y yo tenía ganas de desfasar así que volví con mis amigas. Ya estaban un poco piripis todas. Evelyn no paraba de decirle a los chicos que tenía las ingles muy flexibles porque de pequeña había ido a gimnasia rítmica, Cinthya se fue al baño a retocar –la esperanza es lo último que se pierde-, Maca estaba amargando a un pobre muchacho hablándole de su ex novio -sí, es de ese tipo de borrachas maniacodepresivas- y Carlota había echado de la gogotera al payaso de Micolor, al que había contratado para amenizar la fiesta, y bailaba mientras a sus pies los chicos le hacían coro. Dadles un pez y aplaudirán como focas.


“Parece que nos hemos quedado solos”, le dije a mi nuevo anillo de diamantes, en el que me podía ver reflejada por lo menos 11 veces. Con razón cantaba Beyonce que era el girl best friend.

Pero si ya parecía que mi fiesta no podía estar más chafada, apareció el primo de turno para darme el coñazo.

-Pepis, hoy estás realmente preciosa.

-Gracias, lo sé.

-¿Bailas?

-Sí, a veces, cuando salgo alguna noche o suena una canción que me gusta.

-¿Y conmigo?

Ya estaba la típica pregunta trampa. En fin, no pasaba nada por cumplirle el gusto. Total, una vez al año... Sonaba Una vaina loca, y debía tener algún tipo de mensaje subliminal que le afectó porque me empezó a agarrar de una forma muy poco familiar. Yo inventaba pasos de baile cada vez más distanciados para alejarme de sus garras –y digo garras porque era realmente un orco- pero en una de estas me agarró de la mano y me giró cual tenedor Rolling Gallo para susurrarme al oído: “Cuanto más primo…” ¡Ah no, por ahí no pasaba! Y le di una fuerte patada en la espinilla, que con el vestido largo estaba limitada de movimientos. Él se retorció en el suelo de dolor y yo aproveché para poner pies en polvorones, digo, polvorosa, que llevo un buen rato escribiendo y me está entrando hambre.

Eran las 4 de la mañana y empezó a sonar “I want to break free” de Freddie Mercury. Todos lo bailamos entusiasmados. Qué letras más esperanzadoras. ¡Y qué majo era eh! Como defendía a las mujeres en sus canciones, no entiendo porque la gente creía que era mariquita… Pero si hasta el grupo era Queen por lo que le atraían las reinas.


Y entre movimiento y movimiento se me fue acercando el tío más atractivo de toda la fiesta. La cola de mi vestido se enganchó en su pie –nunca reconoceré que me pisó- y cuando me pidió perdón pude ver como por debajo de la americana llevaba unos tirantes con la bandera de España. Pero no solo eso, también tenía un fajín y el pelo con una media patilla que hacía que su sonrisa perfecta estuviera dignamente enmarcada. Para que me entendáis ese tío era el de praliné cuando en la caja donde sólo quedaban los bombones borrachos. Se llamaba Toni, estudiaba ADE, con muy buenas notas, y le gustaba salir a navegar. Aunque Dios había ignorado mis súplicas para que volviera el Grand Prix, ésta me la había concedido. Él era mi C del revés en Chanel, la suela roja de mis Louboutin, la cara del rey de mi Euro, mi medio billete de 500. Me estuvo recitando poemas toda la noche:

-¿No es verdad, ángel de amor, que en esta apartada orilla más pura la luna brilla y se respira mejor? 

-Ay qué bonito.

-Zorrilla.

-Calla tonto.

Y a las 8, cual despertador que suena en lo mejor del sueño, me dijo que se tenía que volver a su casa. Le pregunté donde vivía y me confesó que se había colado en la fiesta gracias a un camarero, que vivía en las afueras en un piso de alquiler, y que el traje era prestado. Se me cayó el mundo al suelo, me sentí engañada. Pero en el fondo descubrí que tener dinero o no no es lo importante. Lo importante, y la verdadera moraleja de esta historia, es saber aparentarlo, y él había hecho que mi puesta de largo fuera realmente increíble. Así que le di mi Facebook y que nos quiten lo bailao. 

                       

lunes, 3 de septiembre de 2012

Mi puesta de largo I

Yo tenía 18 años cuando mi madre me dijo las dos cosas que se me grabarían a fuego en la memoria para toda la vida:

Una: “Hija, es hora de que empieces a usar desodorante”-la primera vez que te lo dicen duele un poco, pero lo acabas agradeciendo.

Dos: “Vamos a la modista a que te haga el vestido para tu puesta de largo”.

Lágrimas brotaban en mis ojos con sabor a vergüenza y felicidad. Para los que no lo sepan, la puesta de largo es una fiesta que realizan las familias BIEN para dar a sus retoños a conocer en sociedad. Está más encaminado para las chicas y es necesario que no se le conozca ningún novio formal –por suerte yo había mantenido mi relación con Ashton Kutcher en el mayor de los anonimatos- y deben tener entre 16 y 20 años. Se puede hacer con más niñas, pero yo por supuesto la quise dar en exclusiva.


La fiesta se iniciaría con un vals y llamé a Poti, el de Mira Quién Baila, para que me diera unas nociones básicas. Tampoco quería hacer sombra a nadie. Me pasé toda la tarde leyendo la Vogue y el Hola! con el fin de sacar ideas para mi traje. Tras unas cuantas horas me decanté por un vestido blanco y rosa hasta los pies de Gucci, pero mejorado con el corte de uno de Katie Middleton, la tela del traje de boda de la reina Sofía, una gasa como las cortinas de la casa de Carmen Lomana y un broche en la cintura inspirado en las hermanas Koplovitz. La verdad es que siempre fui muy buena haciendo collages. Cenicienta me prestó uno de sus múltiples pares de zapatitos de cristal -que siempre los anda perdiendo para catar varón- y Adele su mejor bolso bombonero, por lo que ya tenía mi modelito preparado.



Invité a todo el mundo que pude y más, ya que desde que corté con Mario Casas llevaba una temporadita en dique seco. Con él se me hacía muy difícil cumplir mi voto de castidad cada vez que me agarraba entre sus hercúleos músculos sudorosos, y podía sentir sus abdominales perfilándose al respirar entre mi fina camiseta de algodón y… ¡Ups! Bueno eso, el dique seco.

Llamé a los Backstreet Boys, que siempre me gustaron un montón, a los hermanos Rivera guapos –vaya, los que no tienen el gen Pantoja- y al chico que huele la almohada en el anuncio de Jean Paul Gaultier –eso fue más por capricho que porque realmente me gustara. Como precaución por lo que pudiera pasar en la fiesta compré KH-7 y Biblias para todos, cada uno debe saber sus límites. ¡Ah! Y mis amigas también fueron, claro. Maca apenas pensaba en Pablo. El tatuaje que tenía en el bajo-vientre con su nombre lo pudo solventar poniendo Juan Pablo II y un retrato del Papa, así sus nuevos novios no se pondrían celosos. También vino Cynthia, la amiga simpática, Evelyn, a la que le favorece la oscuridad y hace que el resto brille más y, cómo no, Carlota, una devorahombres insaciable. Me hice amiga de ella como proyecto personal, para encaminarla por el buen sendero. Aunque ya lo di por imposible, me sigo llevando con ella para que me resuelva ciertas lagunas que tengo sobre los hombres. Por ejemplo, de cintura para abajo tengo mis dudillas. Entre los niños pequeños que van desnudos por la playa y el Ken de mi Barbie hay sutiles diferencias. Algo sobra. Y claro, yo no sabía si sería una pilililla de leche de esas que caen, a lo que Carlota me dijo que algo de leche había, pero que ya me explicaría con calma.




Y llegó el gran día. Estaban todos: los del club de ajedrez, el de vela, el de hípica, el de los pijamas, el de la herradura, el de los poetas muertos… Y yo, yo era la estrella, era mi momento y nada me lo podía estropear. Empezó a sonar el vals de las mariposas. Ya sé que es más de boda pero lo usé como una prueba prematrimonial. Carlos Baute se me acercó y me dijo:

-¿Me consede este baile?

Casi me ciega con sus sonrisa y ya fui a la pista medio mareada, pero lo que colmó el vaso fue que al hacer los pasos se puso a mover la pelvis indecentemente. Llamé a seguridad y se lo llevaron a la cárcel. Cierto que me pasé un poco, porque que bailara mal no era tan grave, pero su última canción Me pones tierno tiene delito, y debía pagar por ello. Rápidamente lo sustituyó uno de los de Fórmula Abierta -que tienen el caché muy bajo y se los puede permitir cualquiera- y me lanzó por los aires en un bonito final. Y después de la parafernalia del baile lento tocaba mover el esqueleto a ritmo de pachangueo.