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miércoles, 6 de agosto de 2014

La boda de mi mejor amiga: Yo

Estaba revisando el correo con ansias de recibir mi nuevo catálogo de lencería de Calvin Klein cuando me fijé en un sobre color pastel con un bonito relieve. Abrí la carta y con horror leí su contenido:

Luisa y Andrés tienen el honor de invitarle a su enlace en matrimonio 
que se celebrará el futuro 25 de Agosto en la Iglesia de San Marcos.

No podía ser, lo peor de todo es que sabía que no estaba soñando ya que en mis sueños aparece Quim Gutierrez sin camiseta. Era la última de mi grupo de amigas de la infancia que se casaba, eso era como ir gritando por la calle que era una fracasada en la vida. No es que se me den mal las relaciones, sin embargo la fea se cotiza más que la guapa. Me explico, la fea será siempre muy agradecida, además nadie te la va a quitar, pero a los bellezones como yo tienes que espantar a los babosos todos el rato y ciertamente puede llegar a ser agotador.

Rápidamente subí a mi casa e imprimí la siguiente invitación:

La Pepis y Patrick Dempsey se complacen en invitarles a la unión en santo matrimonio 
que se celebrará el 24 de Agosto en la catedral de Santiago.

Que se fastidie.

Desde que era niña he planeado meticulosamente mi futura boda y mi futuro divorcio. Llamadme romántica. Lo bueno de esto es que cuando encuentre a mi hombre ideal podré estar gastándome su dinero sin estar ocupada con meros trámites.

La pedida de mano:

Veréis, todo el mundo sabe que el romanticismo ha muerto, así que no iba a dejar en manos de un hombre el futuro de uno de los días más importantes de mi vida. Lo planearía yo. Primero, casualmente, estaría toda mi familia, mi chico y algunas amigas (y viejas enemigas) reunidos en la recepción de algún hotel rabiosamente caro. Yo entraría como si nada en la sala y empezaría a emocionarme y soltar un par de lágrimas discretas al ver a toda ese gente que tanto significa para mí. Nota personal: aprender a llorar.


Después mi chico me cogería de la mano y me llevaría al centro de la habitación para pedirme matrimonio. Un foco de luz nos seguiría. Se arrollidaría y me ofrecería un anillo con un diamante del tamaño de una pelota de tenis, después diría que eso no es suficiente para una mujer como yo y me ofrecería DOS anillos. Me volvería a emocionar y miraría al techo como aguantándome las lágrimas de alegría. Finalmente titubearía un par de veces y diría que NO (las chicas nos tenemos que hacer las duras) pero después soltaría un rotundo SI. Confetis en forma de corazón color rosa pastel inundarían el techo de la sala y Whitney Houston que se encontraría entre el público nos cantaría su "I Will Always Love You". Nota personal: arreglar lo de Whitney. Curiosamente Annie Leibovitz estaría hospedada en el hotel y no dudaría sacar su cámara para inmortalizar ese bonito momento que tras un acuerdo de varios millones de dólares publicaría con mucho gusto y elegancia en Vanity Fair.

La venganza: 

Llamaría a todos mis ex y les diría que iba a pasar el resto de mi vida con un hombre con más dinero, más belleza y más pene que ellos. A continuación llamaría a mis compañeras de la universidad y les preguntaría que por qué están solteras hasta que llorasen. 


La despedida de soltera:

Sólo hay una manera de celebrar una despedida de soltera: junto a casting de Magic Mike. Aunque será un poco incómodo si mi futuro marido acaba siendo uno de ellos (eso va por ti Joe Manganiello). Por supuesto tras la noche en la que probablemente gaste medio sueldo quemaría toda prueba viviente de lo sucedido. Una señorita besa pero no cuenta.


La lista de bodas: 

Es de pobretón pedir dinero a tus invitados cuando te casas. Cada vez que veo a una cuenta corriente en una invitación de boda llamo a un par de contactos para que se las congelen y las vinculen al caso Nóos.

No, nada de pedir dinero. No somos el dueño de Wikipedia. Lo más cool y chic es hacer una lista de boda. La mía estaría llena de fabulosos muebles tapizados con pieles de animales exóticos cazados por el rey, de bolsos de Hermès de edición limitada y de joyas usadas por celebrities en reportajes fotográficos de Mario Testino.


Todos los objetos de la lista claramente iban destinados a mí. Mi marido ya tenía el regalo más valioso de todos: Yo.

La boda:

Siempre supe que quería una ceremonia íntima, con mis familiares y amigos más cercanos. Unas 300 personas serían suficiente para ser testigos de mi gran día.

Una vez que un grupo de seguratas expulsase a aquellas más elegantes que yo y se asegurasen de que las damas de honor estaban todas vestidas con los espantosos vestidos que escogí, pensando en ellas desde el fondo de mi corazón, empezaría la esperada ceremonia.


Un precioso vestido blanco con cola de sirena abrazaría mi cuerpo. El vestido estaría bordado con esmero por monjas ciegas. Caminaría al altar acompañada a un actor con experiencia haciendo de madurito sexy en series de la CW. Adoro a mi padre, pero el pobre es muy poco fotogénico. Mi futuro marido estaría esperándome en la otra punta, expectante. De fondo sonaría una canción de La Oreja de Van Gogh antes de que Amaia Montero descubriese la comida basura. Una pequeña niña andaría tres pasos por delante lanzando pétalos de alguna flor en peligro de extinción. Un grupo de actores esparcidos por la iglesia tendría que sollozar y sonarse (con elegancia) de la emoción del momento.


Cuando llegase a la altura de mi hombre el cura daría paso a la ceremonia, rápida y práctica. El sermón giraría en su mayor parte en lo afortunado que era mi futuro marido por tenerme a su lado y lo que debía hacer para mantenerme y complacerme. Después del sí quiero de mi hombre el cura se dirigiría a mí:

-Pepis, ¿quieres recibir a [estrella en alza de Hollywood] como marido, y prometes serle fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza y así, amarlo y respetarlo todos los días de tu vida?

-Si, no, si, no, si y no.

-Bueno supongo que eso será suficiente. Podéis besaros.

El público se pondría en pie y entusiasmado aplaudiría hasta sangrar. Saldríamos a la calle y una lluvia de billetes triturados en forma de confeti caería elegantemente sobre nosotros, siempre he creído que lo de tirar arroz era muy chabacano, además no querré estropear el precioso peinado que me haría Tabatha. A la salida mi marido, recomendado por su publicista, se pararía para firmar un par de fotos de su última película en la que encarnaría a algún superhéroe buenorro. 

Banquete:

El menú de mi boda se decidirá en una final de MasterChef. Ese asunto aún está un poco en el aire, pero confío en España para que decida con sabiduría.

Por otro lado, tendría mi propio episodio en un reallity de Divinity en el que los protagonistas se enfrentan al mayor reto de sus vidas para hacerme la tarta perfecta. Cuando todos mis invitados hubiesen muerto de la envidia por tan magnífica tarta la tiraríamos a la basura, porque asumámoslo, son preciosas pero están malísimas.

Mi amiga Lana del Rey vendría a cantarnos un par de canciones con su tórrida e insinuante voz, ella insistirá en hacerlo gratis como regalo por nuestra amistad, pero yo no soy como Kim y Kanye, si hay que pagar a la muchacha se le paga.


Votos:

El voto a mi marido ya lo tengo escrito desde que tenía siete años. Sólo tengo que rellenar los espacios en blanco con su nombre. Así dice:

Querido (nombre),
no puedo expresar lo suficiente lo mucho que significas para mí. Recuerdo la primera vez que te vi, pensé que alguien como tú no se fijaría en mí, pero después me vi reflejada en un espejo y supe que sí.
Y así fue. Oh querido (nombre), soy la mujer más afortunada del mundo. Quiero que sepas que estoy abriendo mi corazón, estas palabras sólo te las podría decir a ti (nombre). Tengo miedo de no poder amarte como te mereces para que así me ames como me merezco yo. 
Gracias por haberme regalado ese bonito y escandalosamente caro collar de diamantes por nuestro compromiso, me durará para siempre (este regalo tiene que ser si o si). ¿Pero sabes qué durará también para siempre? Mi regalo por nuestro compromiso: Mi amor por ti.
Que sepas que te adoro y que me muero por emprender esta aventura a tu lado.

Luna de miel:

Lo siento, no voy a dar detalles del exótico destino elegido para nuestra luna de miel. No quiero tener paparazzis en la puerta de mi isla privada. Mi marido y yo agradeceríamos un poco de intimidad. Muchas gracias.

Siempre vuestra,

La Pepis

lunes, 28 de julio de 2014

El crucero del amor

Tras el desastre vacacional del año pasado decidí que era hora de cambiar mi rutina de verano. Estaba harta de tumultuosas playas donde las chicas sólo se dedicaban a subir la misma foto una y otra vez a Instagram con un hashtag a lo #paradise #relax #playa 

Además ese tipo de fotos me da hambre ya que más que piernas parecen salchichas. 


A última hora fui a la agencia de viajes de unos conocidos centros comerciales a quienes no les quiero hacer ningún tipo de publicidad. La chica de El Corte Inglés me atendió con un trato muy amable y respetuoso. Me recomendó diversos paquetes de viaje. De todos ellos uno llamó fuertemente mi atención. Era un bonito crucero por el mediterráneo y las islas griegas. El panfleto rezaba algo así: "Chicos estupendos están deseando conocerte, embárcate en el crucero del amor." Detrás del slogan había una foto de un par de chicos cuyos músculos reflejaban las gotas de aceite que bajaban por su cuerpo. ¡Era tan exótico el crucero que hasta ponía que iba a haber osos!

La verdad es que esa foto me bastó para decidirme. Nos apunté a Rosalina y a mí en esa aventura y en menos de dos semanas nos embarcamos en el barco del amor con el corazón abierto y las esperanzas en lo más alto. Todo iba a ser perfecto.

Rosalina me ayudó a deshacer el equipaje en mi camarote mientras le comentaba ilusionada las ganas que tenía de ese viaje.

-Ay Rosalina, me siento como Kate Winslet en Titanic salvo por esas cejas mal depiladas y esa elección de pintalabios tan de los 90. Espero que este barco no tenga barcas suficientes para todos los tripulantes que si no se muere mi amor verdadero en un trágico accidente nuestra historia de amor dejará de tener encanto.

-Ay el chambelán de DiCaprio estaba relindo en esa película...


Cuando deshice todo el equipaje me puse un bikini de infarto, mandé a Rosalina a buscarme al hombre más guapo de tercera clase y bajé a la piscina. No os podéis imaginar lo que me encontré. TODO HOMBRES. Hombres mojados y sudorosos bajo el tórrido sol mediterráneo.

¡Qué afortunada era! Las otras mujeres debieron de enterarse que yo también iba al crucero y lo anularían ya que sabían que no tienen nada que hacer con rivales como yo.

Por si fuera poco casi todo los hombres eran GUAPOS. Me sentía como el príncipe de Cenicienta eligiendo pareja como si de un catálogo se tratase.

Y para más inri el socorrista estaba cañón, una mezcla entre dios griego y modelo de revista con un minúsculo bañador rojo que no dejaba lugar a la imaginación. Era TAN guapo que incluso los demás hombres lo miraban con lo que claramente era cara de admiración.

Dejé mis cosas en una tumbona cerca del puesto de socorrista y fui directa a la piscina a llevar a cabo un plan especial. Cuando llegué a una zona donde el agua me cubría por los hombros me puse a chapotear.

-¡Socorro! ¡Socorro! ¡No sé nadar! ¡Que alguien me ayude!

Un señor mayor que nadaba cerca vino a mi rescate.

-¡Señorita! ¡Vengo a ayudarla! Cójase de mi cuello.

Hay que ver, ven a una chica vulnerable y se acercan todos como moscas. ¡Aprovechados!

-¡Uy no no! ¡Quita quita! -le dije- ¡Que venga alguien que esté homologado! ¡Preferiblemente un socorrista con bíceps de acero!

Pero el socorrista parecía no percatarse ya que estaba muy ocupado sometiéndose el bañador para que le coja más moreno la pierna.

Tras haber tragado involuntariamente una gran cantidad de agua decidí darme por vencida y prepararme para la noche. Tenía que sorprender a todos los varones con un modelito de infarto. Había sido un desastroso comienzo pero no debía olvidarme de que estaba en un lujoso barco en mitad de las islas griegas, era como Meryl Streep en Mamma Mia.


Cuando llegó la hora de la cena bajé sola al gran comedor con un precioso vestido de encaje bordado a mano por niños tailandeses explotados.

Me senté en la mesa que compartía con tres fornidos varones. Después de presentarme nos pusimos a coquetear tímidamente. 

Se llamaban Luis, Chema y Marcos. Ya imaginaba mi nombre bordado en mis toallas de mano al lado del suyo.

-¿Qué tal? Yo soy Marcos.

-¡Hola! Yo soy Luis y él es Chema, mi compañero de viaje en la vida. 

-¡Uh! ¡Qué casualidad! ¡Yo también vengo con mi compañera! ¡Se llama Rosalina! Aunque bueno, creo que compañera no es el término adecuado ya que en realidad le pago por horas... ¿Y qué os trae por aquí?

-Bueno -dijo Marcos- yo vengo a buscar pareja. Me han dejado hace poco y venía a animarme un poco.

Pobre Marcos, pensé, cortan con él y se gasta después su dinero en un crucero sin apenas rastro de mujeres...

-Nosotros venimos a descansar y divertirnos un poco. Ya sabes, tomar el sol, salir de fiesta... ¿Y tú Pepis qué buscas?

-Pues yo vengo a encontrar a esa persona especial de mi vida - respondí.

-¿Y Rosalina? ¿Ella no lo es?

-¡Oh! ¡No! Tenemos una relación muy cercana, llevamos mucho tiempo conviviendo juntas pero busco a alguien más. 

-¡Yo no le podría hacer eso a Luis nunca! -dijo Chema con cara de desaprobación.

La verdad es que Luis y Chema mostraban una relación muy cercana. Daba gusto ver una bonita amistad entre hombres tan sólida.

El showman del salón se subió al escenario micrófono en mano.

-¿Os lo estáis pasando bien? ¡No olvidéis de que en diez minutos empieza el concurso La Reina del Mediterráneo! ¡Aún estáis al tiempo de apuntaos!

-¡Oh! ¡No me lo puedo creer! ¡Voy corriendo a apuntarme! -dije emocionada.

Una vez ahí pude comprobar que la competencia no era muy alta. Había chicas con espaldas sorprendentemente anchas y la mayoría usaba un maquillaje nada favorecedor y muy poco sutil. Incluso muchas de ellas tenían unos rasgos demasiado masculinos para mi gusto. Por su propio bien, y por el de su autoestima, decidí retirarme de la competición, no necesitaba el título de La Reina del Mediterráneo, soy cuarta en la línea de sucesión al trono, si las infantas desaparecen en extrañas circunstancias y Froilán sigue siendo tal y como es la corona sería mía en un plis.


Agotada acudí al bar a tomar un refrescante cocktail a la luz de la luna. Me senté en una bonita butaca y tomé sorbitos de mi copa contemplando las estrellas. De pronto vi a un opuesto hombre que paseaba por la cubierta mientras miraba a la lejanía de la oscura noche. BINGO. Había encontrado mi Leonardo. Me acerqué a su lado.

-¿Si yo salto tú saltas? - le pregunté.

-¿Cómo dice señorita? ¿Se encuentra bien?

-¿Estará muy fría el agua? He oído que es como si te clavasen cuchillos afilados y una dama como yo no podrá aguantarlo sin un hombre a su lado...

-Lo dudo mucho señorita, está apoyada en la barandilla de la piscina, pero puede hacer la prueba a ver...

Decidí no tirar la toalla.

-La verdad es que estoy un poco sola en esta fría noche... Y en mi camarote sólo me espera el calor de las suaves sábanas de satén rozando mi cuerpo desnudo...

-Pues qué le vamos a hacer...

¡Pero bueno! ¿Qué estaba pasando en ese barco? ¡Ningún hombre mostraba interés por mí! Era como si de pronto esa masa de metal que nos arrastraba por el mediterráneo fuese mi kriptonita de seducción.

Nada, no había manera de abrirme camino a su corazón. ¿Sería una nueva moda hacerse el duro ante mujeres? ¿Sería alguna nueva forma de ligar sacada de un libro de esos de 50 Sombras? Una se descuida y le cambian las reglas del ligoteo en un momento. Pensé que éramos las mujeres las que teníamos que hacernos las duras, para algo me he pasado toda mi vida ignorando a Michael Fasbendder, he conseguido hacerlo tan bien que ni siquiera sabe que existo.

Que le den a Leonardo. ¿Para qué quedarse con el muerto de hambre si te puedes ir con el duque serio y avaricioso que te va a regalar fabulosas joyas y que al final de la película sobrevive?


Horrorizada volví a la barra de el bar a pedir algo un poco más fuerte para ahogar mis penas cuando para mi sorpresa descubrí a un pequeño grupo de chicas que hablaban reunidas en una mesa.

-¡Uy chicas! Necesito un poco de estrógeno en mi vida. Menudo pluff de barco. ¡No hay forma de catar varón! ¿Vosotras habéis tenido suerte con algún mozo?

-¿Nosotras?- preguntó la chica regordeta de mi derecha.- ¡Ni uno!

Todas se rieron con las palabras de su amiga. Me alarmaba que no se preocupasen lo más mínimo de encontrar un hombre.

-Ay chicas no podéis ser tan pesimistas. Así no me extraña que ningún hombre se fije en vosotras. Ya sé que la búsqueda del amor puede parecer como una canción de Bustamante, dolorosa e innecesaria, pero no tiréis la toalla.

Ninguna parecía tener el más mínimo interés. Es más, era como si se hubiesen rendido en la vida. Llevaban unos peinados muy estrafalarios y una ropa poco halagadora que ocultaba sus curvas...

-Tenéis que potenciar más vuestros rasgos femeninos. Por ejemplo tú, estoy segura de que si te soltamos el pelo tal que así y te ponemos un poco el flequillo para este lado dejarás de ser un ser asexuado y mostrarás al mundo la preciosa chica que llevas dentro. Mmmmm... Uy pues parece que no.

-Cariño - dijo la más alta de todas - para qué interesarnos por hombres cuando existen bomboncitos como tú...

-Comprendo que la duda os asalte, pero necesitamos a un hombre que tras el primer divorcio nos de la suficiente solvencia económica para escaparnos con Zac Efron a una isla privada para el fin de los días.



-¿Y no te sirve una mujer como yo?

-¿Una mujer? ¿Para qué iba a necesitar yo una mujer?

-¡Cariño, si esto es un crucero gay!

-¿De gays? ¡Pensé que esa gente sólo existía en las series de la HBO!

No es necesario decir que antes de que el barco atracase en su destino tenía a todos los hombres (y mujeres) del crucero loquitos por mí. No es que tenga nada en contra de los gays, sólo que ningún hombre en esta tierra puede resistirse a mis encantos. Es más, adoro a los gays, la mayoría de mis novios lo acaban siendo y estoy convencida de que mi futuro hijo será gay. Lo único que les echo en cara es que a ver si dejan a algún hombre guapo para las mujeres que nos los han acaparado todos.

Os quiere,

La Pepis

miércoles, 28 de mayo de 2014

Mi primer amor fui yo

Nunca creí en las relaciones de pareja. Creo recordar que esa consolidada y profunda idea se empezó a forjar cuando me vi por primera vez ante un espejo. "¿Quién es esa de ahí? ¿Quién es?" Preguntaba mi madre mientras me sostenía en brazos Rosalina. Y yo intentaba decir que la mujer más bella del reino mundo, con el detalle de que a esa edad a mi muñeco Troll se le entendía mejor que a mí. El amor ante mi reflejo crecía a medida que se hacía más mayor en superficie. ¿Cómo podría querer a alguien más que a mí mismo? Imposible. Sin embargo, tampoco lo dejé de intentar ejemBradPittejemVelencosoejemFelipedeBorbón. Errar también es humano. 


Tal vez porque los Donuts vienen en un pack doble e indivisible, las ofertas del Vips son 2x1, las experiencias guays de la Smartbox son para dos personas, o en la hora feliz del bar hay que pedir la bebida a pares y a mí el alcohol me sube mucho, que el universo conspira para empujarnos a tener pareja. Y en ese espaldarazo nos caemos de bruces. 

Durante unos pequeños segundos puede ser gracioso, incluso placentero. La gente deja de preguntarte si eres lesbiana por tener sólo fotos de tus amigas en la cartera. La vida se ralentiza un par de fotogramas por segundo, corréis por la playa despreocupados, crees que no engordas porque tu pareja lo hace a la par que tú, y sientes que tu atractivo roza el insulto para la raza humana. 


Pero tarde o temprano llega el "Tengo que hablar", el odio a tu americana boyfriend que se ríe de ti desde su percha, tu contribución en el alza de las acciones de Häagen-Dazs y el caprichito a golpe de VISA de consolación acompañado de un fuerte aplauso del público. 


Es entonces cuando la enamoradiza Julia Roberts, la novia de América que alimentó tus fantasías a través de la televisión tarde de sábado tras tarde de sábado, se transforma ante tus ojos en una Sonia Monroy guiri que te ha engañado.  


Sentirse solo se hace más duro cuando contemplas cómo Pitbull canta rodeado de pibones mientras tú te rodeas con tu bata -para que no se manche tu ropa de fiesta/zorrón- y te motivas para salir viendo su videoclip mientras se seca la base de maquillaje. O eso me han dicho que hacéis las desgraciadas. 

Sin embargo, tener pareja no gusta. A la gente le cuesta reconocerlo. La primera fase de una pareja es "La almorrana". Se sufre en silencio. Tu círculo de amigo más íntimo lo desconoce y te hacen una tras otra intervención para que confieses qué secta te ha engañado ahora. Luego cuando se hace pública la pasan a sufrirla tus amigos. La fase dos es la "Lord Voldemort". Su nombre no puede ser nombrado bajo ningún concepto y le buscas mote. Para tu grupo será "este", "mi amigo", "mi churri", "elchicoconelquemeveo", pero jamás "mi novio". Y la fase "Yo también" a la gran frase de despedida "Me estoy quedando sin batería". Una parte de ti se avergüenza. Se han visto casos de parejas en el altar que han contestado:
-Sí quiero, pero nos estamos conociendo

Ese recelo puede achacarse a que nos pongamos como nos pongamos, el amor tiene fecha de caducidad -como Roxy-. Pero se puede volver al estado natural de frustración sexual de una manera digna. Y que nadie se sorprenda cuando para tu Kent dejes de ser su muñeca y cabalgue las olas con otra rubia. Hay señales más grandes que el caballo de Polo Ralph Lauren que anticipan el desenlace. Si sois de los que suspendéis hasta el psicotécnico, aquí os dejo una lista:

1.-Dice no poder quedar contigo porque tiene que estudiar cuando su carrera es de ciencias sociales.


2.-Dormís en capas diferentes de la cama, que ni Pepa y Avelino. Si tenéis que regular vuestro calor corporal hay otros métodos.


3.-Cuando salís del cine, podéis decir el argumento de la película.


4.-En tus fotos de perfil sales con tus amigos gays en vez de con él, y tus amigas te abren conversaciones para felicitarte ilusionadas por lo guapo que es tu novio aunque lleve una corona rosa de princesa.


5.-Cuando lo llevas a cenar a casa, come con el servicio en la cocina.


6.-Se hace cambios radicales de pelo a cada pequeña discusión.


7.-Le lleva dos noches de fiesta de ventaja la temporada uno de Jersey Shore.


8.-Espera a Bisbal en el aeropuerto cada vez que vuelve de gira y a ti no.


9.-Dices que deseas tener hijos rubios de ojos azules cuando a ti te confunden con Farruquito.


10.- Tienes la sensación de que evita el contacto físico.




Así que mientras nos debatimos entre seguir a la razón o rendirnos a los placeres de la carne, tener siempre presente que el amor propio sólo se debe jurar a uno mismo, y el efímero a quien lo merezca.

martes, 4 de marzo de 2014

Consultorio Pepis: Guerra de exnovios

Querida Pepis,

la semana pasada discutí con mi novio y lo hemos dejado. Me está costando trabajo superar la ruptura. ¿Qué puedo hacer para llevarlo mejor? 

Un beso
Querida Taylor Swift,

recuerdo esa vez en la que Matthew Mcconaughey y yo discutimos cuando se olvidó de meterme en su discurso de agradecimiento en los Oscars y estaba devastada. 


Lo único que te puedo decir es que estés muy atenta, porque esto ya no sólo va contigo. Tu dignidad representa la dignidad de todas las mujeres. Cuando el primer cavernícola le dio plantón a la primera cavernícola para ir a tirarse a un mamut en la cueva de al lado, generó una guerra de sexos que sigue en pie hasta el día de hoy. La única cuestión que importa no es quién gane, sino quién parece haber ganado.

¿Cómo se mide tal cosa? ¿Quién sale victorioso? Pues muy sencillo:

  1. Quien no escriba por las redes sociales mensajes a lo "lo he superado" pero con un trasfondo que demuestran estar desesperados.
  2. Quien renueve más acertadamente su fondo armario de acorde con las nuevas tendencias.
  3. Quien encuentre pareja antes.
  4. Quien a pesar de que el otro haya encontrado pareja antes encuentre una pareja mucho más atractiva.
  5. Quien reciba algún Whatsapp del otro, supuestamente desinteresado, para saber cómo le va la vida.
  6. Quien suba a Facebook más fotos pasándoselo en grande tipo "ni recuerdo que corté contigo hace dos días".
  7. Quien, cuando se encuentren cara a cara, finja estar meditando durante unos segundos sobre quién es la persona que tiene delante.
  8. Quien consiga parecer más atractivo con su nuevo look post-ruptura.
  9. Quien no felicite "como si nada" al otro en el día de su cumpleaños (en el caso de que lo haga si el otro le contesta "casualmente" hay empate ya que demuestra que aún tiene fuertes sentimientos ocultos).
  10. Quien se lleve los amigos surgidos a lo largo de la relación.
El mejor truco que te puedo dar es acostarte con Bradley Cooper.

Un beso,
La Pepis

viernes, 7 de febrero de 2014

Cita a Ciegas

Siempre me he considerado una chica independiente y segura de sí misma. Algo así como una mezcla de Carrie de Sexo en Nueva York y Anna Karenina. Pero la incipiente llegada de Febrero echó por tierra toda la estima ganada a lo largo de estos meses: San Valentín estaba a la vuelta de la esquina y mi estado de Facebook se mantenía en "es complicado". Tan complicado como entender la ausencia de hombres cantando serenatas bajo mi ventana día si y día también.


Como yo, estando soltera, me considero una chica estupenda, no perdía la esperanza de encontrar un chicarrón casi tan maravilloso como yo en la misma situación. Y si luego coincidía que era hetero mejor que mejor.  Me quedaba poco más de una semana para establecerme en pareja y dar así celos a las solteronas de mis amigas/fans. Y la búsqueda de huésped para mi corazoncito era algo que dependía totalmente de mí. Ya no me podía fiar de Cupido tras haber juntado a Alaska y Mario. 

Agarrando el toro por los cuernos, le supliqué a Emma García que me ayudase a buscar mi pareja ideal, al igual que Dolce tiene a Gabbana, Victorio a Lucchino u Ortega a Gasset...

Emma no daba crédito a que alguien como yo estuviese soltera -y entera. Amén-, así que me hizo pasar por El Juego de tu Vida, el cual obviamente gané.

Luego, en el camerino, ya me organizó la cita a ciegas con el que sería mi nuevo gran amor. El lugar elegido para el primer encuentro fue el Ritz, algo informal. Emma no paraba de decirme lo genial que era su pretendiente, hasta el punto en que dudé si iba tener una cita conmigo misma. Lo mejor fue que no nos iba a hacer falta ninguna seña, ya que obviamente seríamos las personas más guapas de ese código postal.

A medida que se acercaba el gran día, surgieron en mí sentimientos encontrados. Había tenido muchas citas a ciegas los viernes por la noche dada la escasa iluminación de la discoteca, pero eso era llevarlo a otro nivel.

En el caso de que se diese la improbable y remotísima posibilidad de que mi chico diez no pasase de un triste nueve, elaboré un indescifrable código con mi fiel Rosalina -la cual, evidentemente, estaría de incógnito en la mesa de al lado, disfrazada con un discreto pañuelo en la cabeza y unas gafas Grace Kelly-.

La primera seña sería una misteriosa llamada a los quince minutos de comenzar la cita. Si mi chico más que tilín me producía arcadas, tendría la excusa para decir que Xabi Alonso había sufrido un accidente futbolístico y me reclamaban urgentemente en el hospital. 

La segunda consistiría en fingir un atragantamiento, lo cual haría saltar las alarmas de Rosalina que abortaría la cita llamando a una ambulancia que nos llevaría lejos, sin tener ni siquiera que pagar aparcamiento.

La cita era el sábado a las nueve así que empecé a prepararme a eso de las ocho del viernes para llegar a las nueve y cinco del domingo y generar expectativas. Mi cita seguía ahí, pacientemente. Había superado la primera prueba.

Efectivamente era un bombón, y lo mejor, de los que no engordan. Cuando nos íbamos a sentar apartó muy educadamente la silla a otra mujer para que yo me sentara. También eligió el vino, cosecha del 95 y pisado por las Carmelitas Descalzas.


Rosalina se sentó con discreción en la mesa de al lado.

A los diez minutos ya estábamos charlando de lo duro que es ser tan guapo y de lo monos que nos iban a salir los hijos. De repente sonó mi teléfono. *Ay del chiquirritín chiquirriquitín metidito entre pajaaaaas...* Parecía que Rosalina se había adelantado. 

-Aló? Aham..... ¿Que cuántas casillas adelanto en el parchís si me como una ficha?...... Pues veinte....... Aham.... Aham...... A ti Juanra, saluda a la familia!

Me disculpé ante mi hercúleo pretendiente. Desde que se emitía el programa de Lo Sabe, No lo Sabe no hacían otra cosa que llamarme cuando había que acertar las preguntas. 

Al rato otra llamada, *chiquitín, queridito del aaaaalma*

-Aló? -Esta vez era Rosalina, tan puntual como cuando termina su jornada de 21 horas.

-Ama Pepis, ¿cómo le está yendo la cita con el chambelán?

-Muy bien, muy bien.

-¿Cómo? ¿Cómo? Estoy perdiendo cobertura en mi celular.

-Sí sí, luego hablamos.

Le dediqué una sonrisa nerviosa a mi futuro compañero de vida y colgué el teléfono, pero Rosalina seguía en gritando desde la mesa de al lado "SEÑORITA PEPIS LE GUSTA EL CHAMAQUITO? ¿ME INVENTO ALGUNA EXCUSITA PARA QUE PUEDA RETIRARSE?"

Mi acompañante puso cara rara, lo que ¡oh, sorpresa! le hacía doblemente atractivo. ¡Maldición! No me esperaba este pobre manejo de la telefonía de Rosalina teniendo a toda su familia trabajando en un locutorio.

Gracias al cielo llegó el primer plato y echamos bogavante sobre el asunto. De él ¿qué puedo deciros?Se llamaba Piero, y no me sorprendió cuando me confesó que entre sus aficiones estaba navegar por la costa italiana llevando sólo unos calzoncillos y unas gotas de Light Blue D&G.



La velada transcurrió agradablemente sucediéndose el segundo entre risas y pestañeos. El filete de lince ibérico tenía una pinta estupenda, pero resultó ser como la manzana de Blancanieves. Al primer bocado me atraganté y los aspavientos activaron a Rosalina, que disfrutaba de su pan con mantequilla. 

-Bella e inteligente desconocida Pepis, a la cual no conozco, deje que la lleve a un hospital.

-Jcgqduuhfjahsfha

Lo cual quería decir "estoy bien, vuelve a tu puesto"

En el momento en que no fue capaz de interpretar mis ganas de quedarme en la mesa, se produjo un forcejeo entre ambas. Mientras, mi Piero buscaba aplicaciones en su iPhone para hacerme la maniobra de Heimlich. Un camarero con una bandeja pasó por mi lado y me apresuré a beber una de las copas de champán que portaba. El cachito de filete bajó junto a un anillo destinado a la chica que cenaba con su prometido dos mesas más hacia allá y que ya nunca llegaría a su dedo. El baño de oro barato me dio ardores toda la noche. En el fondo le hice un favor. 

Una vez que recuperé la compostura Rosalina volvió a su mesa. Piero y yo pedimos una deliciosa tarta de hojaldre a medias. Yo la iba comiendo mientras me embadurnaba los labios "accidentalmente" con la nata y Piero me la limpiaba con su boca.


Llegó la cuenta. Como mujer del siglo XXI, moderna y anticlichés, me ofrecí a pagarla, a la espera de que Piero no permitiera tal insulto a su masculinidad y la abonara él, dejando además el 15% de propina. Pero para mi sorpresa, no hizo ningún ademán por su parte. Me miraba sonriente, al igual que la camarera que esperaba pacientemente a nuestro lado. Me había dejado la VISA en casa, y en mi cartera sólo tenía la tarjeta del club WOW. En definitiva, la pobre Rosalina se quedó fregando los platos.

Pero el verdadero drama es que tuve que cortar totalmente relación con mi italiano de infarto. Y no es machismo querer que él pague. A mí me gusta llamarlo tradición, y las tradiciones se respetan. Al igual que es deber del chico asegurarse que caminas en el lado de dentro de la acera o abrirte la puerta del  Alfa Romeo. ¡Qué menos!

El amor es ciego, pero yo no.







miércoles, 15 de enero de 2014

Besos discotequeros II

Y continuando con esta clasificación de ósculos y sus dadivosos dueños, os dejo otra ración de tipos de besos.

Vendedor de Enciclopedias

Ellos son los herederos de cuando la Larousse se comercializaba puerta a puerta. El apuesto pretendiente se venderá a él mismo intentando demostrar alguna habilidad innata. Puede ser mover las orejas, las cejas, adivinarte el nombre -omitir adivinar el peso- o los más profesionales como fisioterapeutas que te dicen hinchar el bazo apretándote la palma de la mano. No faltan payasos, pasen y vean.


Argentino

El típico beso que te dan mientras bailas un tango con un medio descamisado boludo que prende con su chingona boca la rosa que sujetan tus labios. Ay, pendejos.


More than friends

Al más puro estilo Inna ft. Daddy Yankee, por una noche te permites ser algo más con ese amigo. Lo único que hay que tener cuidado es en no terminar cantando la de Muchachito Bombo Infierno: Ojalá no te hubiera conocido nunca.


Torero

No hay arena bajo sus pies y su traje no es de luces -o Dios no lo quiera- pero cual matador va estocada a estocada sobre su... ¿vaca?. El torero sale al ruedo de la discoteca con una máxima: la insistencia. Y si ha dicho no a la decimoctava es porque dirá que sí a la decimonovena. También se le llama el cansino, que ya le acabas dando un beso por pena, algo que resta por lo menos 20 días en el purgatorio.


Cronómetro 

Llega normalmente cuando estás en plena panorámica de qué se cuece por la discoteca. Se planta delante de ti y te dice: "En 10 segundos te voy a entrar". Y tú, cual cuenta atrás de grandes acontecimientos como el lanzamiento del Apolo 11 o el paso al século XXI vas restando dígitos en tu desconcertada cabeza que intenta pensar -inocente ella- si es guapo, las posibilidades que tienes con el resto de varones, si tú estás guapa, qué pensarán tus amigas, por qué no hay ninguna en 10 km a la redonda, cuántas consumiciones te quedan, si habrá mucha cola para ir ahora al baño, si te podrá acercar después a casa, si será un buen padre... Normalmente te has quedado en el sitio y el chico cumple su promesa, porque el que avisa no es traidor y una mujer tarda más de 10 segundos en hacer todas esas elucubraciones; y eso ellos lo saben. 


Halagador

Te ha ganado con piropos, de veracidad a veces más que cuestionable, pero no por ello te gustan menos. Intenta destacar tus virtudes y a nadie le amarga un dulce. Cuánto más jabón te da más guapo lo ves, ironías de la vida, aunque también es fácil cansar a la chica, que una ya sabe lo divina que es.


Al gemelo de tu novio

Que tire la primera piedra la que nunca se haya confundido besando al hermano de su novio. Y si es gemelo ya ni hablamos. Lo mejor para estos casos es tener alguna especia de santo y seña, porque tu boca es como un templo.


El de despedida

Lo ha estado intentando sin éxito y sólo le queda una carta: el beso de despedida que tanto predicaba Nino Bravo. El te quiero, la sonrisa y la flor son opcionales, pero el pico no te lo quita nadie.


Y con este digo hasta otra. Mujeres, amigas, compañeras... busconas todas, algún día besaréis al sapo acertado, aunque es probable que la charca no tenga porteros. Kiss